El ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, es plenamente consciente de al desaparecer la Verja en la frontera con España aumente la delincuencia en el Peñón y es consciente de la preocupación que hay entre los alrededor de 34.000 residentes, por eso ha tomado medidas para minimizar este riesgo y sostiene que este temor es "el efecto psicológico de lo que nos hizo Franco" cuando en 1969 decidió cerrar la Verja, que no reabrió para peatones hasta 1982 y al tráfico rodado hasta 1985.
El ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, ha compartido su perspectiva sobre el impacto psicológico que tuvo la Verja en la población local, resultado de la dictadura de Franco. Picardo, nacido en 1972 en un entorno marcado por la frontera cerrada, relató cómo esta situación transformó a los residentes en una comunidad 'enjaulada', con un sentido de seguridad irónico. Durante su infancia, la percepción de seguridad era tan alta que las familias no cerraban las puertas de sus casas y dejaban las llaves en sus coches sin temor a robos. Sin embargo, el cierre de la Verja también obligó a muchos a emigrar, generando una división en familias y una pérdida de oportunidades laborales. Picardo enfatiza que esta herencia histórica aún genera temores entre los 34,000 residentes de Gibraltar, quienes son conscientes del posible aumento de la delincuencia si se eliminan las restricciones fronterizas.
Transcripciones
A ver, el tema de la seguridad es el efecto psicológico de lo que nos hizo Franco. Franco nos encerró, dividió a familias, hizo que muchas personas que vivían en la zona y trabajaban en Gibraltar tuvieran que emigrar, irse a Alemania, a sitios así, porque aquí ya no había trabajo.
Pero el efecto a los que nos quedamos atrás, el efecto a los que nos quedamos en el lado sur de la Verja fue de convertirnos en una población enjaulada, enjaulada por la verja en un lado, por la frontera en un lado y el mal en el otro.
Entonces yo nací, entonces, y eso es lo que dije en mi discurso a Naciones Unidas, yo soy un producto de la frontera cerrada. Yo nací en 1972 detrás de una frontera cerrada por un dictador. ¿Eso qué nos produjo a nosotros? Nos produjo también un gran sentido de seguridad, idónicamente.
entonces mis papás no cerraban la puerta de noche en casa mi papá como todos los conductores de ese tiempo mi mamá también conducía pero el coche siempre lo llevaba mi papá dejaba la llave en el coche porque nadie te podía robar el coche más que darse una vuelta porque luego no lo podía exportar como no lo tirara al mal te digo, luego hubo un tema en casa que nuestro coche sí que no estaba donde había aparcado mi papá porque mi hermano se lo había llevado a dar una vuelta a la novia.
Pero nadie te podía robar el coche, te sentías muy seguro. Yo en el Gibraltar, en que tenía yo cuatro o cinco años, me mandaban a la tienda que estaba en la esquina sin preocuparse de que me iba a ocurrir nada. Era un paraíso de seguridad.
A ver, el tema de la seguridad es el efecto psicológico de lo que nos hizo Franco. Franco nos encerró, dividió a familias, hizo que muchas personas que vivían en la zona y trabajaban en Gibraltar tuvieran que emigrar, irse a Alemania, a sitios así, porque aquí ya no había trabajo.
Pero el efecto a los que nos quedamos atrás, el efecto a los que nos quedamos en el lado sur de la Verja fue de convertirnos en una población enjaulada, enjaulada por la verja en un lado, por la frontera en un lado y el mal en el otro.
Entonces yo nací, entonces, y eso es lo que dije en mi discurso a Naciones Unidas, yo soy un producto de la frontera cerrada. Yo nací en 1972 detrás de una frontera cerrada por un dictador. ¿Eso qué nos produjo a nosotros? Nos produjo también un gran sentido de seguridad, idónicamente.
entonces mis papás no cerraban la puerta de noche en casa mi papá como todos los conductores de ese tiempo mi mamá también conducía pero el coche siempre lo llevaba mi papá dejaba la llave en el coche porque nadie te podía robar el coche más que darse una vuelta porque luego no lo podía exportar como no lo tirara al mal te digo, luego hubo un tema en casa que nuestro coche sí que no estaba donde había aparcado mi papá porque mi hermano se lo había llevado a dar una vuelta a la novia.
Pero nadie te podía robar el coche, te sentías muy seguro. Yo en el Gibraltar, en que tenía yo cuatro o cinco años, me mandaban a la tienda que estaba en la esquina sin preocuparse de que me iba a ocurrir nada. Era un paraíso de seguridad.
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