Declaraciones de la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, quien ha defendido la necesidad de una economía "productiva, integrada y preparada para liderar los grandes cambios tecnológicos del siglo XXI". "Desarrollar capacidades propias es una cuestión tanto de competitividad como de seguridad", ha afirmado.
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, ha enfatizado la necesidad de que Europa no solo observe los cambios en inteligencia artificial impulsados por Estados Unidos, sino que también tome la iniciativa en su futuro económico. Ribera subrayó que es crucial desarrollar capacidades propias para asegurar competitividad y seguridad en un mundo donde la tecnología es vital. A través de los fondos Next Generation EU, España ha avanzado en digitalización, mejorando la productividad de pymes y administraciones, y formando a docentes en habilidades digitales. Ribera destacó que la competitividad debe ir de la mano de altos estándares sociales, promoviendo un modelo que combine cohesión social y sostenibilidad. En un contexto de creciente competencia global, Europa debe diversificar sus capacidades y fortalecer su autonomía estratégica, demostrando que es posible una economía abierta que respete el bienestar social y ambiental.
Transcripciones
Decisiones como las recientes restricciones de Estados Unidos a la utilización de nuevos modelos de inteligencia artificial nos hacen despertar. Europa no quiere quedarse observando, sabe que tiene que conquistar su propio futuro y necesitamos reforzar nuestra capacidad para innovar, para producir, para crecer, para mantener un modelo social justo, inclusivo, donde las personas vivan con una expectativa mayor de lo que ocurre en el resto del mundo, en la confianza de que las instituciones harán justicia ese equilibrio, ese principio reflejado en los tratados, la defensa por la alta calidad de vida de los europeos.
Necesitamos una economía productiva, integrada, preparada para liderar los grandes cambios tecnológicos del siglo XXI. Y en un mundo donde la tecnología y las materias primas se han convertido en un factor central de poder económico y geopolítico, desarrollar capacidades propias es una cuestión tanto de competitividad como de seguridad.
precisamente es esta la dirección en la que apuntó el orden de prioridades de las inversiones impulsadas por Next Generation EU durante años Europa identificó la necesidad de cerrar brechas tecnológicas, mejorar la productividad reforzar sus capacidades industriales en sectores estratégicos Next Generation EU permitió desarrollar esa agenda Y en España los fondos europeos han contribuido a acelerar la digitalización de empresas, de administraciones públicas, a ampliar la conectividad, a impulsar capacidades en inteligencia artificial y ciberseguridad, a fortalecer ecosistemas de innovación y modernizar sectores industriales estratégicos.
Miles de pequeñas y medianas empresas han incorporado herramientas digitales gracias a programas específicos de apoyo a la digitalización. Por ejemplo, a través del programa KIT Digital se han movilizado más de 3.000 millones de euros para ayudar a autónomos y pymes a adoptar soluciones de comercio electrónico, de ciberseguridad, de gestión empresarial, de presencia digital, acercando la transformación tecnológica a empresas que, de otro modo, habrían tardado años.
en dar un paso equivalente. Al mismo tiempo, se ha invertido en conectividad, en modernización de la administración pública, en transformación digital de servicios esenciales como la justicia o la educación, pero quizás la inversión más importante ha sido la realizada en las personas.
Con el programa de digitalización y competencias digitales del sistema educativo, centenares de miles de docentes han recibido formación en competencias digitales, de miles de dispositivos se han puesto a disposición de estudiantes.
Miles de aulas han sido equipadas para responder a las necesidades de la economía digital. La organización de redes eléctricas, impulso a la movilidad sostenible, apoyo a la descarbonización industrial están permitiendo que España combine crecimiento económico con energía limpia y asequible.
El gas natural ha dejado de determinar el precio de la electricidad en más de un 75% y ha pasado a oscilar entre ese 9 y el 15% de las horas, frente a cifras mucho más elevadas en el momento en que se iniciaba el programa.
La competitividad europea no pasa por renunciar a nuestras ambiciones o por debilitar nuestros estándares, sino por liderar la economía limpia, la economía digital del futuro, por utilizar mejor nuestros recursos, por innovar más, por completar un mercado interior que sigue teniendo un enorme potencial sin explotar, por confiar en las capacidades de los europeos, de su industria, de sus empresas, por confiar en un ecosistema formativo innovador que ha contado siempre con el compromiso de los presupuestos públicos de los 27 Estados miembros y también, cómo no, el presupuesto comunitario.
Pasa por eliminar barreras innecesarias, profundizar nuestros mercados de capitales, nuestras interconexiones, ofrecer a nuestras empresas la escala que necesitan para competir globalmente.
Pero debemos hacerlo de acuerdo con nuestro modelo, con nuestros valores, porque son también nuestra prioridad. No competimos únicamente por producir más, competimos por demostrar que existe una forma distinta de prosperar, compatible con la cohesión social, con la protección ambiental.
y eso nos hace sentirnos orgullosos. Pero no pensemos que es algo garantizado per se. Esto hay que cuidarlo, hay que seguir construyéndolo. Una economía será competitiva sobre la base de la democracia, el Estado de Derecho, la igualdad de oportunidades. Un modelo de éxito y de producción que ha de durar en el tiempo y no agotarse en el cortísimo plazo.
Una economía abierta al mundo, reequilibrada, reduciendo esas dependencias, diversificando y construyendo partenariados con terceros. Nuestro modelo constituye una de las principales fortalezas en un contexto internacional cada vez más polarizado. No perseguimos el crecimiento a cualquier precio, defendimos una economía abierta innovadora hace cinco años y lo defendemos hoy.
que avance de la mano de la cohesión social, la igualdad de oportunidades, la sostenibilidad. Sabemos que eso requiere reformas en la forma en la que hemos venido trabajando y creciendo en las últimas décadas. Precisamente, estos fondos Next Generation facilitaron, reflejaron anticipadamente esa visión que hoy forma parte del núcleo central del mandato de la actual comisión.
Un ejemplo especialmente significativo lo podemos ver en algunos de los aspectos introducidos por el vicepresidente. ¿Cómo podemos actualizar nuestro marco laboral? ¿Cómo podemos reducir temporalidad? ¿Cómo podemos apostar por las habilidades, la formación, la cualificación que demanda el mercado laboral del siglo XXI? Diferente al de hace apenas diez años, 15 años.
La competitividad, la protección social no son objetivos incompatibles. No podemos aceptar una falsa elección entre competitividad y sostenibilidad, entre competitividad y cohesión social. La experiencia europea demuestra precisamente lo contrario, un equilibrio de una economía abierta de mercado con altos estándares sociales y ambientales para garantizar el bienestar de los europeos.
Por eso, quiero destacar algo que hoy sigue siendo una referencia en nuestros debates presupuestarios, en nuestros programas, algo sobre lo que se ha venido aprendiendo en todo el territorio europeo.
No es fácil, pero es importante. El principio de no hacer daño significativo, que ha orientado las inversiones financiadas por Next Generation EU. Adoptando estos criterios hemos conseguido avanzar de una forma enormemente innovadora. Es verdad, hay que aprender a introducirlo, a equilibrarlo, pero es una garantía de que las inversiones que hacemos hoy no comprometen la prosperidad de mañana.
Es un principio que debemos preservar en el siguiente presupuesto comunitario. Del mismo modo, nuestra fortaleza económica depende también de mantener altos estándares sociales, promover la inclusión, garantizar que las oportunidades derivadas de la transición digital y ecológica lleguen a todos los ciudadanos.
En estos últimos meses, la creciente competencia tecnológica, la fragilidad de algunas cadenas de suministro nos recuerdan que la dependencia excesiva genera vulnerabilidad.
Europa quiere reducir riesgos, diversificar capacidades, reforzar su autonomía estratégica. En el ámbito industrial, Next Generation EU nos permitió apoyar la modernización de sectores estratégicos desde la automoción hasta la industria manufacturera con programas de electrificación, digitalización, descarbonización.
No hemos acabado nuestra tarea, pero hemos iniciado una senda de reducción de esas dependencias. No debemos olvidar la dimensión climática de la seguridad. inversiones en adaptación al cambio climático, gestión del agua, resiliencia de infraestructuras frente a fenómenos extremos, son también una forma de proteger nuestra economía, nuestras ciudades, nuestras industrias, nuestra energía, nuestro bienestar.
Lo que demuestra la experiencia española es que la seguridad del siglo XXI se construye con defensa y no solo. Se construye también con energía, con industria, con digitalización, con infraestructuras preparadas, con partenariados mucho más amplios, mucho más diversos. Una de las enseñanzas más importantes es que existen bienes públicos genuinamente europeos.
Seguridad energética, resiliencia industrial, infraestructuras estratégicas, liderazgo tecnológico requieren respuestas coordinadas a escala europea. Ninguno de los 27 es capaz de conseguir por sí mismo un espacio propio que dure en el tiempo, pero juntos podemos hacer muchísimo. Si observamos el recurrido realizado en estos años, vemos la misma lógica detrás de todas estas actuaciones.
Inversiones apoyadas por Next Generation EU que han fortalecido nuestra competitividad mediante innovación, digitalización, tecnologías, cohesión social, sostenibilidad, reducción de dependencias estratégicas e incremento de la resiliencia.
Los grandes desafíos europeos requieren respuestas europeas. Ninguno de estos retos lo conseguiremos alcanzar solos. Pero lo cierto es que, a pesar de las dificultades, nadie puede dudar de la voluntad de las instituciones, de los 27 Estados miembros de la Comisión del Parlamento sobre su firme convicción de la necesidad de una respuesta unida por parte de Europa.
Porque la elección es clara. Europa es capaz de actuar con ambición cuando existe voluntad política para hacerla. Y a veces nos lleva más tiempo, es complicado, somos un animal político complejo, pero sabemos que lo que toca es estar unidos. Nos encontramos en un momento histórico que requiere que una generación, la nuestra, defina el rumbo de las siguientes.
Ha ocurrido más veces en el pasado. Se lo debemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, que en situaciones mucho más complejas supieron ser valientes y defender un modelo que hemos heredado y que decía antes. no podemos asumirlo como un regalo que vaya a permanecer siempre. Debemos cuidarlo, debemos hacerlo crecer.
Sabemos que apostando decididamente por esa visión podemos conseguirlo. Sabemos que una Europa capaz de defender sus intereses y sus valores en el mundo nos necesita unidos. Que cada inversión bien orientada, cada avance en integración, cada proyecto compartido nos acerca a una Europa más fuerte, más respetada, más justa.
Que la competitividad europea no se construya reduciendo ambiciones, bajando estándares o tratando de copiar otros modelos. Nuestro modelo sigue siendo…
el sueño de la mayor parte de los ciudadanos de este planeta. Hoy celebramos la conclusión de un programa, el trabajo de España y los españoles, pero sobre todo celebramos que los éxitos de una Europa que invierte, que protege, que innova, que lidera, que construye, que todavía tiene mucho recorrido para seguir avanzando juntos, es una Europa capaz de demostrar que confía en sí misma y que avanza.
Muchas gracias.
Decisiones como las recientes restricciones de Estados Unidos a la utilización de nuevos modelos de inteligencia artificial nos hacen despertar. Europa no quiere quedarse observando, sabe que tiene que conquistar su propio futuro y necesitamos reforzar nuestra capacidad para innovar, para producir, para crecer, para mantener un modelo social justo, inclusivo, donde las personas vivan con una expectativa mayor de lo que ocurre en el resto del mundo, en la confianza de que las instituciones harán justicia ese equilibrio, ese principio reflejado en los tratados, la defensa por la alta calidad de vida de los europeos.
Necesitamos una economía productiva, integrada, preparada para liderar los grandes cambios tecnológicos del siglo XXI. Y en un mundo donde la tecnología y las materias primas se han convertido en un factor central de poder económico y geopolítico, desarrollar capacidades propias es una cuestión tanto de competitividad como de seguridad.
precisamente es esta la dirección en la que apuntó el orden de prioridades de las inversiones impulsadas por Next Generation EU durante años Europa identificó la necesidad de cerrar brechas tecnológicas, mejorar la productividad reforzar sus capacidades industriales en sectores estratégicos Next Generation EU permitió desarrollar esa agenda Y en España los fondos europeos han contribuido a acelerar la digitalización de empresas, de administraciones públicas, a ampliar la conectividad, a impulsar capacidades en inteligencia artificial y ciberseguridad, a fortalecer ecosistemas de innovación y modernizar sectores industriales estratégicos.
Miles de pequeñas y medianas empresas han incorporado herramientas digitales gracias a programas específicos de apoyo a la digitalización. Por ejemplo, a través del programa KIT Digital se han movilizado más de 3.000 millones de euros para ayudar a autónomos y pymes a adoptar soluciones de comercio electrónico, de ciberseguridad, de gestión empresarial, de presencia digital, acercando la transformación tecnológica a empresas que, de otro modo, habrían tardado años.
en dar un paso equivalente. Al mismo tiempo, se ha invertido en conectividad, en modernización de la administración pública, en transformación digital de servicios esenciales como la justicia o la educación, pero quizás la inversión más importante ha sido la realizada en las personas.
Con el programa de digitalización y competencias digitales del sistema educativo, centenares de miles de docentes han recibido formación en competencias digitales, de miles de dispositivos se han puesto a disposición de estudiantes.
Miles de aulas han sido equipadas para responder a las necesidades de la economía digital. La organización de redes eléctricas, impulso a la movilidad sostenible, apoyo a la descarbonización industrial están permitiendo que España combine crecimiento económico con energía limpia y asequible.
El gas natural ha dejado de determinar el precio de la electricidad en más de un 75% y ha pasado a oscilar entre ese 9 y el 15% de las horas, frente a cifras mucho más elevadas en el momento en que se iniciaba el programa.
La competitividad europea no pasa por renunciar a nuestras ambiciones o por debilitar nuestros estándares, sino por liderar la economía limpia, la economía digital del futuro, por utilizar mejor nuestros recursos, por innovar más, por completar un mercado interior que sigue teniendo un enorme potencial sin explotar, por confiar en las capacidades de los europeos, de su industria, de sus empresas, por confiar en un ecosistema formativo innovador que ha contado siempre con el compromiso de los presupuestos públicos de los 27 Estados miembros y también, cómo no, el presupuesto comunitario.
Pasa por eliminar barreras innecesarias, profundizar nuestros mercados de capitales, nuestras interconexiones, ofrecer a nuestras empresas la escala que necesitan para competir globalmente.
Pero debemos hacerlo de acuerdo con nuestro modelo, con nuestros valores, porque son también nuestra prioridad. No competimos únicamente por producir más, competimos por demostrar que existe una forma distinta de prosperar, compatible con la cohesión social, con la protección ambiental.
y eso nos hace sentirnos orgullosos. Pero no pensemos que es algo garantizado per se. Esto hay que cuidarlo, hay que seguir construyéndolo. Una economía será competitiva sobre la base de la democracia, el Estado de Derecho, la igualdad de oportunidades. Un modelo de éxito y de producción que ha de durar en el tiempo y no agotarse en el cortísimo plazo.
Una economía abierta al mundo, reequilibrada, reduciendo esas dependencias, diversificando y construyendo partenariados con terceros. Nuestro modelo constituye una de las principales fortalezas en un contexto internacional cada vez más polarizado. No perseguimos el crecimiento a cualquier precio, defendimos una economía abierta innovadora hace cinco años y lo defendemos hoy.
que avance de la mano de la cohesión social, la igualdad de oportunidades, la sostenibilidad. Sabemos que eso requiere reformas en la forma en la que hemos venido trabajando y creciendo en las últimas décadas. Precisamente, estos fondos Next Generation facilitaron, reflejaron anticipadamente esa visión que hoy forma parte del núcleo central del mandato de la actual comisión.
Un ejemplo especialmente significativo lo podemos ver en algunos de los aspectos introducidos por el vicepresidente. ¿Cómo podemos actualizar nuestro marco laboral? ¿Cómo podemos reducir temporalidad? ¿Cómo podemos apostar por las habilidades, la formación, la cualificación que demanda el mercado laboral del siglo XXI? Diferente al de hace apenas diez años, 15 años.
La competitividad, la protección social no son objetivos incompatibles. No podemos aceptar una falsa elección entre competitividad y sostenibilidad, entre competitividad y cohesión social. La experiencia europea demuestra precisamente lo contrario, un equilibrio de una economía abierta de mercado con altos estándares sociales y ambientales para garantizar el bienestar de los europeos.
Por eso, quiero destacar algo que hoy sigue siendo una referencia en nuestros debates presupuestarios, en nuestros programas, algo sobre lo que se ha venido aprendiendo en todo el territorio europeo.
No es fácil, pero es importante. El principio de no hacer daño significativo, que ha orientado las inversiones financiadas por Next Generation EU. Adoptando estos criterios hemos conseguido avanzar de una forma enormemente innovadora. Es verdad, hay que aprender a introducirlo, a equilibrarlo, pero es una garantía de que las inversiones que hacemos hoy no comprometen la prosperidad de mañana.
Es un principio que debemos preservar en el siguiente presupuesto comunitario. Del mismo modo, nuestra fortaleza económica depende también de mantener altos estándares sociales, promover la inclusión, garantizar que las oportunidades derivadas de la transición digital y ecológica lleguen a todos los ciudadanos.
En estos últimos meses, la creciente competencia tecnológica, la fragilidad de algunas cadenas de suministro nos recuerdan que la dependencia excesiva genera vulnerabilidad.
Europa quiere reducir riesgos, diversificar capacidades, reforzar su autonomía estratégica. En el ámbito industrial, Next Generation EU nos permitió apoyar la modernización de sectores estratégicos desde la automoción hasta la industria manufacturera con programas de electrificación, digitalización, descarbonización.
No hemos acabado nuestra tarea, pero hemos iniciado una senda de reducción de esas dependencias. No debemos olvidar la dimensión climática de la seguridad. inversiones en adaptación al cambio climático, gestión del agua, resiliencia de infraestructuras frente a fenómenos extremos, son también una forma de proteger nuestra economía, nuestras ciudades, nuestras industrias, nuestra energía, nuestro bienestar.
Lo que demuestra la experiencia española es que la seguridad del siglo XXI se construye con defensa y no solo. Se construye también con energía, con industria, con digitalización, con infraestructuras preparadas, con partenariados mucho más amplios, mucho más diversos. Una de las enseñanzas más importantes es que existen bienes públicos genuinamente europeos.
Seguridad energética, resiliencia industrial, infraestructuras estratégicas, liderazgo tecnológico requieren respuestas coordinadas a escala europea. Ninguno de los 27 es capaz de conseguir por sí mismo un espacio propio que dure en el tiempo, pero juntos podemos hacer muchísimo. Si observamos el recurrido realizado en estos años, vemos la misma lógica detrás de todas estas actuaciones.
Inversiones apoyadas por Next Generation EU que han fortalecido nuestra competitividad mediante innovación, digitalización, tecnologías, cohesión social, sostenibilidad, reducción de dependencias estratégicas e incremento de la resiliencia.
Los grandes desafíos europeos requieren respuestas europeas. Ninguno de estos retos lo conseguiremos alcanzar solos. Pero lo cierto es que, a pesar de las dificultades, nadie puede dudar de la voluntad de las instituciones, de los 27 Estados miembros de la Comisión del Parlamento sobre su firme convicción de la necesidad de una respuesta unida por parte de Europa.
Porque la elección es clara. Europa es capaz de actuar con ambición cuando existe voluntad política para hacerla. Y a veces nos lleva más tiempo, es complicado, somos un animal político complejo, pero sabemos que lo que toca es estar unidos. Nos encontramos en un momento histórico que requiere que una generación, la nuestra, defina el rumbo de las siguientes.
Ha ocurrido más veces en el pasado. Se lo debemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, que en situaciones mucho más complejas supieron ser valientes y defender un modelo que hemos heredado y que decía antes. no podemos asumirlo como un regalo que vaya a permanecer siempre. Debemos cuidarlo, debemos hacerlo crecer.
Sabemos que apostando decididamente por esa visión podemos conseguirlo. Sabemos que una Europa capaz de defender sus intereses y sus valores en el mundo nos necesita unidos. Que cada inversión bien orientada, cada avance en integración, cada proyecto compartido nos acerca a una Europa más fuerte, más respetada, más justa.
Que la competitividad europea no se construya reduciendo ambiciones, bajando estándares o tratando de copiar otros modelos. Nuestro modelo sigue siendo…
el sueño de la mayor parte de los ciudadanos de este planeta. Hoy celebramos la conclusión de un programa, el trabajo de España y los españoles, pero sobre todo celebramos que los éxitos de una Europa que invierte, que protege, que innova, que lidera, que construye, que todavía tiene mucho recorrido para seguir avanzando juntos, es una Europa capaz de demostrar que confía en sí misma y que avanza.
Muchas gracias.
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