Declaraciones de los ministros de Exteriores, José Manuel Albares, y de Memoria Democrática y Política Territorial, Ángel Víctor Torres, que han hablado de la importancia de no olvidar a las víctimas de las dictaduras, durante el homenaje a los 307 españoles desaparecidos durante la dictadura argentina de la Junta Militar, para lo que han recordado los valores de "memoria, verdad y justicia" como esenciales para resarcir a las víctimas.
Durante un homenaje a los 307 desaparecidos argentinos, los ministros de Asuntos Exteriores y Memoria Democrática de España, José Manuel Albares y Ángel Víctor Torres, destacaron la importancia de recordar a las víctimas de dictaduras. Ambos reiteraron el compromiso del Gobierno español de defender los derechos humanos y perseguir los crímenes de lesa humanidad, subrayando que la memoria es esencial para construir democracias fuertes y justas. Recordaron las atrocidades sufridas bajo la dictadura española y la necesidad de no olvidar el sufrimiento de las familias afectadas. Además, mencionaron los avances en políticas de reparación, como la Ley de Memoria Histórica y la Ley de Memoria Democrática, que buscan resarcir a las víctimas. En este contexto, enfatizaron que la memoria y la justicia son pilares fundamentales para prevenir que la historia se repita, en un momento en que se perciben amenazas a la convivencia democrática y los derechos humanos en el mundo.
Transcripciones
¿Qué es la historia de la democracia? del Ministerio de Asuntos Exteriores lo impulsamos.
Es fundamental reforzar la cooperación entre los Estados para defender sin ninguna duda los derechos humanos y la persecución de los crímenes de lesa humanidad, los de entonces y los que se están produciendo hoy en día.
Porque esos crímenes comprometen a toda la comunidad internacional y nos interpelan a todos y cada uno de nosotros como humanidad.
Nada puede reparar lo irreparable y nada devolverá a quienes ya no están con nosotros, ni las vidas truncadas ni los recuerdos que nunca llegaron ni siquiera a poder existir.
Y sé que no existen palabras suficientes para las madres, los padres, los familiares de esos centenares de hombres y mujeres, pero sí existe nuestro deber de recordar y de recordarles.
Y este Gobierno asume ese deber, que es también un deber de acompañar y acompañarles.
Este Gobierno tiene un compromiso firme con la verdad, con la justicia, también con la justicia internacional y los tribunales internacionales de justicia, y con la reparación.
El recuerdo de estas víctimas forma parte inseparable de lo que es nuestro patrimonio democrático común.
Como sociedad tenemos una obligación permanente de proteger los derechos fundamentales, de rechazar toda forma de violencia política y de garantizar una convivencia democrática para que nunca más atrocidades como estas vuelvan a repetirse.
Desde luego, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, tenemos esa convicción y esos son los valores que guían nuestra acción exterior.
Por eso este Gobierno lidera a nivel internacional una respuesta siempre pacífica, siempre dialogada en los distintos conflictos que existen en la actualidad, sea en Ucrania, sea en Gaza, sea en Líbano o sea en Irán.
Una posición basada en el cese de la violencia en el respeto al derecho internacional y en el pleno respeto a la Carta de las Naciones Unidas, en cualquier escenario y ante cualquiera, por muy poderoso que sea.
En España conocemos bien el dolor que dejaron los asesinatos y las desapariciones bajo otra dictadura igualmente infame y cruel.
Conocemos bien el sufrimiento que hay detrás de cada nombre.
Y por eso sabemos que recordar no es solo mirar al pasado, es sobre todo, probablemente ante todo, mirar a un futuro que queremos en paz y en justicia donde nunca más pueda repetirse esto.
Recordar para no repetir, recordar para aprender, recordar para construir democracias fuertes, valientes, capaces de sostener el peso de su propia historia.
España celebraba el pasado año el 50 aniversario del principio del fin de la dictadura.
Ayer, hoy y mañana seguiremos dando pasos para consolidar y defender nuestra democracia, muy especialmente cuando hay fuerzas que la quieren deteriorar agitando discursos de extrema derecha.
De esa que sana heridas que parecían incurable.
Ayer, ayer y hoy, tras reconocer los restos de tres personas que eran tres amigos del mismo pueblo en Cantabria, Cecilio Romaña, Luis Portillo y Alejandro Miquel Arena, asesinados en el año 1937, pude llamar a sus familiares porque a través de las pruebas de identificación supimos que eran definitivamente ellos.
Al otro lado del teléfono lo que hubo fueron sollozos, pero también alivio.
En el caso de Argentina, vamos a seguir con el máximo de los esfuerzos para que nadie pueda decir nunca que jamás podrá recuperar a su ser querido.
Eso es una obligación y lo que hicieron fue una ignominia, porque la crueldad de los verdugos no tuvo límite, no la tuvo aquí y no la tuvo en Argentina.
Basta comprobarlo en Buenos Aires, cuando entras, hemos visto las imágenes y te encuentras entre las paredes del Museo Sitio de Memoria ESMA.
Mientras te internas en aquel escenario de la infamia, un peso va cargándote los hombros, como si las estancias se fueran reduciendo, como si el sufrimiento hubiera mantenido cinco décadas suspendido en el aire.
Ambas sensaciones, las de resarcir a las víctimas y las de experimentar su dolor, son necesarias y complementarias.
Debemos saber qué pasó para poder reparar el daño, que ninguna historia, ninguna, se pierda.
Y es nuestro deber poner nombres y apellidos a cada vida, a cada muerte, porque son esos nombres y apellidos los que nos empujan y los que nos alientan.
El núcleo de las políticas de reparación que nos han traído hasta aquí.
Hoy va a intervenir el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que, como decía Xavi, problemas personales le impiden poder estar en este acto, pero le quiero dar las gracias por la Ley de Memoria Histórica de 2007, que abrió puertas.
Y luego, en el año 22, la Ley de Memoria Democrática.
En medio, lamentablemente, el deseo de quienes no querían caminar metiendo en el cajón leyes con un error absoluto.
Hemos propuesto con esta ley y desterrar para siempre esa amnesia voluntaria, que en realidad debería avergonzar a cualquiera que se autodenomina como demócrata.
Hemos recuperado 9.
000 cuerpos en nuestro país, 2.
151 declaraciones de reconocimiento y reparación han sido entregadas y 37 lugares de memoria en España y fuera de España han sido ya incoados o declarados.
Y vamos a seguir con ese compromiso.
Y más, y lo han dicho también quienes han intervenido en estos tiempos difíciles y convulsos, en lo que parece que se han roto las reglas de la convivencia y del respeto a los derechos humanos que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial.
Fueron muchas las personas que dieron su vida por la democracia como para permitirnos que aspirantes autócratas, sacados de una pesadilla surrealista lo pongan en solfa.
Hay que ser firmes, sí Juan Diego, firmes, como dijiste.
Y tenemos ese antídoto.
Ese antídoto es la democracia y es la memoria.
.
¿Qué es la historia de la democracia? del Ministerio de Asuntos Exteriores lo impulsamos. Es fundamental reforzar la cooperación entre los Estados para defender sin ninguna duda los derechos humanos y la persecución de los crímenes de lesa humanidad, los de entonces y los que se están produciendo hoy en día.
Porque esos crímenes comprometen a toda la comunidad internacional y nos interpelan a todos y cada uno de nosotros como humanidad. Nada puede reparar lo irreparable y nada devolverá a quienes ya no están con nosotros, ni las vidas truncadas ni los recuerdos que nunca llegaron ni siquiera a poder existir.
Y sé que no existen palabras suficientes para las madres, los padres, los familiares de esos centenares de hombres y mujeres, pero sí existe nuestro deber de recordar y de recordarles.
Y este Gobierno asume ese deber, que es también un deber de acompañar y acompañarles. Este Gobierno tiene un compromiso firme con la verdad, con la justicia, también con la justicia internacional y los tribunales internacionales de justicia, y con la reparación. El recuerdo de estas víctimas forma parte inseparable de lo que es nuestro patrimonio democrático común.
Como sociedad tenemos una obligación permanente de proteger los derechos fundamentales, de rechazar toda forma de violencia política y de garantizar una convivencia democrática para que nunca más atrocidades como estas vuelvan a repetirse.
Desde luego, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, tenemos esa convicción y esos son los valores que guían nuestra acción exterior. Por eso este Gobierno lidera a nivel internacional una respuesta siempre pacífica, siempre dialogada en los distintos conflictos que existen en la actualidad, sea en Ucrania, sea en Gaza, sea en Líbano o sea en Irán.
Una posición basada en el cese de la violencia en el respeto al derecho internacional y en el pleno respeto a la Carta de las Naciones Unidas, en cualquier escenario y ante cualquiera, por muy poderoso que sea.
En España conocemos bien el dolor que dejaron los asesinatos y las desapariciones bajo otra dictadura igualmente infame y cruel. Conocemos bien el sufrimiento que hay detrás de cada nombre. Y por eso sabemos que recordar no es solo mirar al pasado, es sobre todo, probablemente ante todo, mirar a un futuro que queremos en paz y en justicia donde nunca más pueda repetirse esto.
Recordar para no repetir, recordar para aprender, recordar para construir democracias fuertes, valientes, capaces de sostener el peso de su propia historia. España celebraba el pasado año el 50 aniversario del principio del fin de la dictadura. Ayer, hoy y mañana seguiremos dando pasos para consolidar y defender nuestra democracia, muy especialmente cuando hay fuerzas que la quieren deteriorar agitando discursos de extrema derecha.
De esa que sana heridas que parecían incurable. Ayer, ayer y hoy, tras reconocer los restos de tres personas que eran tres amigos del mismo pueblo en Cantabria, Cecilio Romaña, Luis Portillo y Alejandro Miquel Arena, asesinados en el año 1937, pude llamar a sus familiares porque a través de las pruebas de identificación supimos que eran definitivamente ellos.
Al otro lado del teléfono lo que hubo fueron sollozos, pero también alivio. En el caso de Argentina, vamos a seguir con el máximo de los esfuerzos para que nadie pueda decir nunca que jamás podrá recuperar a su ser querido. Eso es una obligación y lo que hicieron fue una ignominia, porque la crueldad de los verdugos no tuvo límite, no la tuvo aquí y no la tuvo en Argentina.
Basta comprobarlo en Buenos Aires, cuando entras, hemos visto las imágenes y te encuentras entre las paredes del Museo Sitio de Memoria ESMA. Mientras te internas en aquel escenario de la infamia, un peso va cargándote los hombros, como si las estancias se fueran reduciendo, como si el sufrimiento hubiera mantenido cinco décadas suspendido en el aire.
Ambas sensaciones, las de resarcir a las víctimas y las de experimentar su dolor, son necesarias y complementarias. Debemos saber qué pasó para poder reparar el daño, que ninguna historia, ninguna, se pierda. Y es nuestro deber poner nombres y apellidos a cada vida, a cada muerte, porque son esos nombres y apellidos los que nos empujan y los que nos alientan.
El núcleo de las políticas de reparación que nos han traído hasta aquí. Hoy va a intervenir el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que, como decía Xavi, problemas personales le impiden poder estar en este acto, pero le quiero dar las gracias por la Ley de Memoria Histórica de 2007, que abrió puertas.
Y luego, en el año 22, la Ley de Memoria Democrática. En medio, lamentablemente, el deseo de quienes no querían caminar metiendo en el cajón leyes con un error absoluto. Hemos propuesto con esta ley y desterrar para siempre esa amnesia voluntaria, que en realidad debería avergonzar a cualquiera que se autodenomina como demócrata.
Hemos recuperado 9.000 cuerpos en nuestro país, 2.151 declaraciones de reconocimiento y reparación han sido entregadas y 37 lugares de memoria en España y fuera de España han sido ya incoados o declarados.
Y vamos a seguir con ese compromiso. Y más, y lo han dicho también quienes han intervenido en estos tiempos difíciles y convulsos, en lo que parece que se han roto las reglas de la convivencia y del respeto a los derechos humanos que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial.
Fueron muchas las personas que dieron su vida por la democracia como para permitirnos que aspirantes autócratas, sacados de una pesadilla surrealista lo pongan en solfa. Hay que ser firmes, sí Juan Diego, firmes, como dijiste. Y tenemos ese antídoto. Ese antídoto es la democracia y es la memoria.
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