Declaraciones de la directora de 'La casa de los espíritus', Francisca Alegría, y de los actores Nicole Wallace y Alfonso Herrera, quienes han destacado que la serie intenta "comprender los orígenes de esta violencia desde un lado compasivo y sin polarizar".
Francisca Alegría, junto a los actores Nicole Wallace y Alfonso Herrera, destaca que la serie 'La Casa de los Espíritus' busca explorar las raíces de la violencia en Latinoamérica desde una perspectiva compasiva. Aunque la obra de Isabel Allende no menciona explícitamente a Chile, la adaptación se centra en la idiosincrasia chilena, respetando su contexto local mientras aborda temas universales. La serie permite que la nieta, como narradora omnisciente, refleje la lucha de las mujeres de su familia y dialogue sobre un futuro sin violencia. Los actores resaltan la relevancia de representar la violencia de género actual y la necesidad de incomodar a la audiencia para fomentar la reflexión. La obra también toca la herencia de estructuras sociales y dolorosos legados históricos, recordando que los problemas de machismo y polarización siguen vigentes en la sociedad contemporánea. Así, la serie se erige como un llamado a la conciencia sobre los patrones cíclicos de la historia y la importancia de la memoria colectiva.
Transcripciones
Pocas obras latinoamericanas han dejado una huella tan poderosa e íntima, pero a la vez transgeneracional como La Casa de los Espíritus.
Desde vuestros diferentes lugares del proyecto, ¿qué sentíais que era fundamental preservar de la obra? ¿Y qué sentíais que necesitaba encontrar un nuevo lenguaje en la serie? Yo diría que hemos hablado antes que Isabel Allende nunca menciona Chile.
Ella habla de un país remoto de Sudamérica para hablar de una historia compartida, de países latinoamericanos que sufrimos heridas similares políticas.
Pero al mismo tiempo sentíamos que la idiosincrasia tenía que ser chilena para que no fuera algo genérico, para que fuera algo enraizado, digamos.
Que es la diferencia, por ejemplo, de la película, que es como una idea de Latinoamérica.
Esto teníamos como gestos, arquitectura, fue grabada en Chile.
Entonces tenía algo local que era muy genuino de nuestra idiosincrasia.
Y yo creo que la parte más moderna que si bien está en la novela, nosotros como que nos aferramos fuerte a ello, es la mirada de la nieta, porque la nieta es la narradora omnisciente de la obra.
Tenemos un narrador en primera persona que es Esteban Trueba y la omnisciente es la nieta porque ella entiende y logra articular lo que las demás mujeres de su familia no pudieron expresar.
Entonces sentíamos que hoy, 2026, o en esta época, teníamos la distancia suficiente para plantarnos en el rol de Alba, ver hacia atrás y poder tratar de imaginar un futuro sin violencia, o imaginar un futuro donde podamos resquebrajar como esta red patriarcal tan violenta.
Entonces creo que ahí está un poquito.
¿Queréis añadir algo? es muy fuerte tener que hacer como escenas de violencia de género, por ejemplo, y uno piensa que ocurrían antes, que ocurrían hace 40 años, que ocurrían hace 50 años.
Entonces uno dice, bueno, eso quedó en el pasado y es mentira.
Estamos viendo que la violencia de género en algunos países aumenta.
Entonces creo que efectivamente entramos en la conversación que estamos teniendo.
Y siempre desde un lado, y lo hemos mencionado también antes, desde un lado compasivo.
La serie nos busca polarizar, la serie busca intentar comprender estos orígenes de violencia y a través justamente de la nieta que hila toda la historia, lo que intenta es dialogar, que las partes dialoguen, que no sigamos polarizados.
Y entender también creo que todo el mundo y todos los personajes están bajo la misma, que al final es el patriarcado, que es lo que les lleva a todos, incluso a Esteban, nunca ha sabido hacerlo mejor.
y no es que sea una persona malvada, sino que ha crecido en una sociedad que le ha permitido hacer cosas, que le ha enseñado a hacer otras y creo que lo de la visión compasiva es muy importante como para sanar y empezar desde cero.
A mí me gustaría que sí que hubiese.
.
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A mí me pasó un poco cuando estábamos rodando que, claro, al ser una historia latinoamericana y yo venir como de España, una historia que también siendo la más joven tengo también más como distancia a ella, fue como muy fuerte ir a Chile, rodar esta serie y darme cuenta de que esas cosas, creo que cuando ruedas ficción, como actor es importante que te separes a ello, para que no lo vivas tan intensamente, porque puede ser muy doloroso, pero aquí era especialmente difícil hacerlo, porque sí es una novela y sí es ficción, pero es una historia real que han vivido millones y millones de mujeres en ese momento y a día de hoy.
Entonces creo que representar como toda esa generación de dolor y esa mochila era como creo que es muy importante que duela al verla sabes y que y que sea por muy bonita que es la serie también creo que es dura y creo que es dolorosa y es incómoda y creo que es muy importante seguir viendo cosas que nos hacen sentir incómodos como sociedad sabes recordar que eso es algo que hemos vivido y que hemos permitido y que está en nuestras manos hacer algo sobre ello.
Es importante que nos incomoden ciertos proyectos para preguntarnos.
Justo.
También está un poco relacionado, pero aunque la novela pertenece a otro tiempo, sus preguntas sobre polarización, clase, machismo, violencia, poder, memoria, todo, coinciden con el auge de proyectos totalitarios, la agilidad democrática, polarización, entonces son incomodamente reconocibles, como decimos.
¿Qué aspectos de la serie sentís que pueden interpelar con más fuerza al presente? Yo creo que hay muchas cosas que son muy relevantes, tú lo has dicho, el machismo, y creo que en la región nosotros compartimos algo que tiene que ver con la conquista, Y la conquista creó una estructura muy específica de cómo los latinoamericanos nos relacionamos, inclusive hasta un sistema de castas, ¿no? Donde están los indígenas, los mestizos, los criollos, los peninsulares, los zambaigos, los cambujos, los altapatrás.
Y eso en Latinoamérica generó una estructura muy específica que solo en Latinoamérica, que vaya, que compartimos.
Entonces, creó una diferenciación entre cómo un criollo se relaciona con un mestizo y cómo los mestizos se relacionan con los peninsulares.
Y eso parte desde la conquista.
Y esos dolores y esa estructura sigue latente.
Y al mismo tiempo, esos dolores se convirtieron, o más bien, esa estructura se modificó y esta serie plantea unas.
.
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Porque hablamos de un realismo mágico, pero también existe un realismo trágico de una dictadura militar que afectó brutalmente, no solamente a un país, sino también afectó a una región, con la dictadura militar argentina, con la dictadura militar en Brasil, pero también en México se dice que no hubo ninguna dictadura, sin embargo hubo una, y esto lo dijo Vargas Llosa, una dictadura perfecta en la que un partido político estuvo durante 90 años en el poder, y por eso se dice que es la dictadura perfecta.
Entonces, como región, compartimos muchos dolores, pero al mismo tiempo compartimos cosas muy bellas, como es nuestra cultura, como son nuestras raíces, como es este color y esta manera también un poco lúdica de lidiar con el dolor.
Entonces, creo que va a ser un ejercicio muy loable, hecho en Latinoamérica, y creo que es algo que Isabel Allende, que creo que ella lo comentó, se le acerca mucho a lo que ella se imaginó con Casa de los Espíritus, con un proyecto audiovisual, llevado de la mano magistralmente por Francisca Alegría, por Andrés Wood, y creo que hay un balance muy bello en estas cabezas, en cómo lo llevaron, cómo lo compartieron, y la generosidad con la que lo compartieron con su cast y con el crew.
Y que ojalá haga despejo también y que nos demos cuenta del momento que estamos viviendo como ahora mismo y creo que pasa mucho cuando de repente te llega un proyecto y alguien te dice o lees una noticia y alguien te dice pues esto fue hace 40, 50, 60, 70, 100 años y dices podría ser perfectamente lo que estamos viviendo ahora mismo.
como recordarnos lo cíclico que somos como seres humanos y como sociedad, que nos cuesta mucho aceptar y entender que, mi madre siempre dice esto, que para conseguir un derecho se necesitan igual 100 años, pero para que te los quiten hace falta un día, y que los tomamos muy, ¿cómo se dice? A la ligera.
Sí, a la ligera.
o que les damos mucho por hecho.
Así que ojalá como que nos recuerde que hay que seguir ahí.
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Pocas obras latinoamericanas han dejado una huella tan poderosa e íntima, pero a la vez transgeneracional como La Casa de los Espíritus. Desde vuestros diferentes lugares del proyecto, ¿qué sentíais que era fundamental preservar de la obra? ¿Y qué sentíais que necesitaba encontrar un nuevo lenguaje en la serie? Yo diría que hemos hablado antes que Isabel Allende nunca menciona Chile.
Ella habla de un país remoto de Sudamérica para hablar de una historia compartida, de países latinoamericanos que sufrimos heridas similares políticas. Pero al mismo tiempo sentíamos que la idiosincrasia tenía que ser chilena para que no fuera algo genérico, para que fuera algo enraizado, digamos. Que es la diferencia, por ejemplo, de la película, que es como una idea de Latinoamérica.
Esto teníamos como gestos, arquitectura, fue grabada en Chile. Entonces tenía algo local que era muy genuino de nuestra idiosincrasia. Y yo creo que la parte más moderna que si bien está en la novela, nosotros como que nos aferramos fuerte a ello, es la mirada de la nieta, porque la nieta es la narradora omnisciente de la obra.
Tenemos un narrador en primera persona que es Esteban Trueba y la omnisciente es la nieta porque ella entiende y logra articular lo que las demás mujeres de su familia no pudieron expresar.
Entonces sentíamos que hoy, 2026, o en esta época, teníamos la distancia suficiente para plantarnos en el rol de Alba, ver hacia atrás y poder tratar de imaginar un futuro sin violencia, o imaginar un futuro donde podamos resquebrajar como esta red patriarcal tan violenta.
Entonces creo que ahí está un poquito. ¿Queréis añadir algo? es muy fuerte tener que hacer como escenas de violencia de género, por ejemplo, y uno piensa que ocurrían antes, que ocurrían hace 40 años, que ocurrían hace 50 años. Entonces uno dice, bueno, eso quedó en el pasado y es mentira.
Estamos viendo que la violencia de género en algunos países aumenta. Entonces creo que efectivamente entramos en la conversación que estamos teniendo. Y siempre desde un lado, y lo hemos mencionado también antes, desde un lado compasivo. La serie nos busca polarizar, la serie busca intentar comprender estos orígenes de violencia y a través justamente de la nieta que hila toda la historia, lo que intenta es dialogar, que las partes dialoguen, que no sigamos polarizados.
Y entender también creo que todo el mundo y todos los personajes están bajo la misma, que al final es el patriarcado, que es lo que les lleva a todos, incluso a Esteban, nunca ha sabido hacerlo mejor.
y no es que sea una persona malvada, sino que ha crecido en una sociedad que le ha permitido hacer cosas, que le ha enseñado a hacer otras y creo que lo de la visión compasiva es muy importante como para sanar y empezar desde cero.
A mí me gustaría que sí que hubiese... A mí me pasó un poco cuando estábamos rodando que, claro, al ser una historia latinoamericana y yo venir como de España, una historia que también siendo la más joven tengo también más como distancia a ella, fue como muy fuerte ir a Chile, rodar esta serie y darme cuenta de que esas cosas, creo que cuando ruedas ficción, como actor es importante que te separes a ello, para que no lo vivas tan intensamente, porque puede ser muy doloroso, pero aquí era especialmente difícil hacerlo, porque sí es una novela y sí es ficción, pero es una historia real que han vivido millones y millones de mujeres en ese momento y a día de hoy.
Entonces creo que representar como toda esa generación de dolor y esa mochila era como creo que es muy importante que duela al verla sabes y que y que sea por muy bonita que es la serie también creo que es dura y creo que es dolorosa y es incómoda y creo que es muy importante seguir viendo cosas que nos hacen sentir incómodos como sociedad sabes recordar que eso es algo que hemos vivido y que hemos permitido y que está en nuestras manos hacer algo sobre ello.
Es importante que nos incomoden ciertos proyectos para preguntarnos. Justo. También está un poco relacionado, pero aunque la novela pertenece a otro tiempo, sus preguntas sobre polarización, clase, machismo, violencia, poder, memoria, todo, coinciden con el auge de proyectos totalitarios, la agilidad democrática, polarización, entonces son incomodamente reconocibles, como decimos.
¿Qué aspectos de la serie sentís que pueden interpelar con más fuerza al presente? Yo creo que hay muchas cosas que son muy relevantes, tú lo has dicho, el machismo, y creo que en la región nosotros compartimos algo que tiene que ver con la conquista, Y la conquista creó una estructura muy específica de cómo los latinoamericanos nos relacionamos, inclusive hasta un sistema de castas, ¿no?
Donde están los indígenas, los mestizos, los criollos, los peninsulares, los zambaigos, los cambujos, los altapatrás. Y eso en Latinoamérica generó una estructura muy específica que solo en Latinoamérica, que vaya, que compartimos. Entonces, creó una diferenciación entre cómo un criollo se relaciona con un mestizo y cómo los mestizos se relacionan con los peninsulares.
Y eso parte desde la conquista. Y esos dolores y esa estructura sigue latente. Y al mismo tiempo, esos dolores se convirtieron, o más bien, esa estructura se modificó y esta serie plantea unas... Porque hablamos de un realismo mágico, pero también existe un realismo trágico de una dictadura militar que afectó brutalmente, no solamente a un país, sino también afectó a una región, con la dictadura militar argentina, con la dictadura militar en Brasil, pero también en México se dice que no hubo ninguna dictadura, sin embargo hubo una, y esto lo dijo Vargas Llosa, una dictadura perfecta en la que un partido político estuvo durante 90 años en el poder, y por eso se dice que es la dictadura perfecta.
Entonces, como región, compartimos muchos dolores, pero al mismo tiempo compartimos cosas muy bellas, como es nuestra cultura, como son nuestras raíces, como es este color y esta manera también un poco lúdica de lidiar con el dolor.
Entonces, creo que va a ser un ejercicio muy loable, hecho en Latinoamérica, y creo que es algo que Isabel Allende, que creo que ella lo comentó, se le acerca mucho a lo que ella se imaginó con Casa de los Espíritus, con un proyecto audiovisual, llevado de la mano magistralmente por Francisca Alegría, por Andrés Wood, y creo que hay un balance muy bello en estas cabezas, en cómo lo llevaron, cómo lo compartieron, y la generosidad con la que lo compartieron con su cast y con el crew.
Y que ojalá haga despejo también y que nos demos cuenta del momento que estamos viviendo como ahora mismo y creo que pasa mucho cuando de repente te llega un proyecto y alguien te dice o lees una noticia y alguien te dice pues esto fue hace 40, 50, 60, 70, 100 años y dices podría ser perfectamente lo que estamos viviendo ahora mismo.
como recordarnos lo cíclico que somos como seres humanos y como sociedad, que nos cuesta mucho aceptar y entender que, mi madre siempre dice esto, que para conseguir un derecho se necesitan igual 100 años, pero para que te los quiten hace falta un día, y que los tomamos muy, ¿cómo se dice?
A la ligera. Sí, a la ligera. o que les damos mucho por hecho. Así que ojalá como que nos recuerde que hay que seguir ahí.
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