La psicóloga general sanitaria, Estrella Soria, explica que el llamado síndrome postvacacional es un proceso normal que sufre la mayoría de personas. No se trata de un problema de ansiedad y es que el cerebro tarda en recuperar ciertos hábitos que teníamos antes de las vacaciones.
La psicóloga Estrella Soria explica que el síndrome postvacacional es un proceso normal, no un problema de ansiedad. Este fenómeno ocurre cuando el cerebro necesita tiempo para readaptarse a las rutinas previas a las vacaciones, lo que puede tardar entre una y dos semanas. Es crucial normalizar este malestar y entenderlo para facilitar la adaptación. Para acelerar este proceso, Soria sugiere adelantar horarios de sueño y comida gradualmente. Además, recomienda integrar nuevos hábitos saludables, como realizar ejercicio moderado, en lugar de optar por rutinas intensas que pueden generar más estrés. El sueño adecuado también es fundamental, ya que contribuye a la limpieza celular y a la consolidación de la memoria. Sin un descanso reparador, la flexibilidad psicológica que necesitamos para afrontar el regreso a la rutina se ve comprometida, por lo que es esencial adoptar medidas que favorezcan un retorno más saludable a la vida diaria.
Transcripciones
Lo primero es entender que es el síndrome post-vacacional. Es un proceso normal, no es un problema de ansiedad, que mucha gente se preocupa, me pasa algo, no, es un proceso normal del cerebro. El cerebro tarda en recuperar ciertos hábitos que teníamos. Esa vuelta a la rutina también está asociado con la biología, el volver a adaptarse biológicamente a esos circuitos biológicos y tarda una, dos semanas a lo sumo, ¿vale?
con lo que tenemos que normalizarlo, tolerar ese malestar, no pasa nada. Y este es el primer paso para una buena adaptación, entender lo que nos está ocurriendo, porque si no lo entendemos, vale. Luego, adelantar ese proceso de adaptación una semana. Es decir, claro, hemos cambiado rutina de irnos a dormir, hemos cambiado rutinas de comidas.
Empezar poco a poco, cuarto de hora, media hora, adelantar el irnos a dormir y adelantar la comida, para que luego nos cueste menos. Y en esos hábitos que teníamos antes, incluso sería bueno empezar a integrar nuevos hábitos saludables. Por ejemplo, ejercicio. Y el ejercicio no es apuntarme en uno de septiembre al gimnasio, que luego no voy.
Por ejemplo, paseos enérgicos. De hecho, la evidencia científica ha demostrado que un ejercicio de media intensidad es mucho más beneficioso que alta intensidad, sobre todo a personas que no están habituadas o llevan un ejercicio más habitual.
Con lo cual, no hace falta ir al gimnasio, No hace falta ir a ese perfeccionamiento de querer hacerlo todo, que luego no hago nada. Eso supone mucho más estrés, con lo cual incrementar ese síndrome. Hábitos de dormir. Somos una sociedad que no duerme. Tenemos que dormir bien. Procesos en las fases de sueño no reen, como limpieza de las células, las células de nuestro cuerpo, de nuestro cerebro, generado del día de su propia actividad, basura.
Se tiene que retirar a través del sistema linfático. consolidación de memoria, aprendizaje, etc. Si no dormimos las horas que necesitamos nuestro cerebro no está bien al día siguiente y obviamente nuestro cerebro no tiene esa flexibilidad psicológica que necesitamos para podernos adaptar.
Adaptar a este cambio estival que tenemos y adaptar a cualquier otro proceso de la vida.
Lo primero es entender que es el síndrome post-vacacional. Es un proceso normal, no es un problema de ansiedad, que mucha gente se preocupa, me pasa algo, no, es un proceso normal del cerebro. El cerebro tarda en recuperar ciertos hábitos que teníamos. Esa vuelta a la rutina también está asociado con la biología, el volver a adaptarse biológicamente a esos circuitos biológicos y tarda una, dos semanas a lo sumo, ¿vale?
con lo que tenemos que normalizarlo, tolerar ese malestar, no pasa nada. Y este es el primer paso para una buena adaptación, entender lo que nos está ocurriendo, porque si no lo entendemos, vale. Luego, adelantar ese proceso de adaptación una semana. Es decir, claro, hemos cambiado rutina de irnos a dormir, hemos cambiado rutinas de comidas.
Empezar poco a poco, cuarto de hora, media hora, adelantar el irnos a dormir y adelantar la comida, para que luego nos cueste menos. Y en esos hábitos que teníamos antes, incluso sería bueno empezar a integrar nuevos hábitos saludables. Por ejemplo, ejercicio. Y el ejercicio no es apuntarme en uno de septiembre al gimnasio, que luego no voy.
Por ejemplo, paseos enérgicos. De hecho, la evidencia científica ha demostrado que un ejercicio de media intensidad es mucho más beneficioso que alta intensidad, sobre todo a personas que no están habituadas o llevan un ejercicio más habitual.
Con lo cual, no hace falta ir al gimnasio, No hace falta ir a ese perfeccionamiento de querer hacerlo todo, que luego no hago nada. Eso supone mucho más estrés, con lo cual incrementar ese síndrome. Hábitos de dormir. Somos una sociedad que no duerme. Tenemos que dormir bien. Procesos en las fases de sueño no reen, como limpieza de las células, las células de nuestro cuerpo, de nuestro cerebro, generado del día de su propia actividad, basura.
Se tiene que retirar a través del sistema linfático. consolidación de memoria, aprendizaje, etc. Si no dormimos las horas que necesitamos nuestro cerebro no está bien al día siguiente y obviamente nuestro cerebro no tiene esa flexibilidad psicológica que necesitamos para podernos adaptar.
Adaptar a este cambio estival que tenemos y adaptar a cualquier otro proceso de la vida.
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