Declaraciones de Carola García-Calvo, investigadora principal de Real Instituto Elcano, que ha asegurado que una de las principales lecciones que dejaron los atentados del 11 de septiembre fue "la necesidad de cooperar", tanto a nivel internacional como dentro de los propios Estados. La experta ha señalado que en 2001 el terrorismo yihadista todavía no era una amenaza suficientemente conocida y ha destacado que organismos como la CIA y el FBI "no llegaron a compartir lo que conocían de esta amenaza". García-Calvo también ha apuntado que entonces se carecía de "una legislación, de unas leyes adecuadas a una amenaza que no era conocida", por lo que los atentados obligaron a desarrollar nuevas normas y una arquitectura internacional para hacer frente a un fenómeno terrorista de carácter global.
Carola García-Calvo, investigadora del Real Instituto Elcano, analizó las fallas que permitieron los atentados del 11 de septiembre de 2001. En ese momento, el terrorismo yihadista era una amenaza poco conocida, tanto para la ciudadanía como para los servicios de inteligencia de EE. UU. A pesar de señales previas, como los ataques a embajadas en los años 90, la falta de coordinación entre agencias como la CIA y el FBI impidió una respuesta eficaz. García-Calvo destacó la importancia de la cooperación internacional y la necesidad de desarrollar una legislación adecuada ante esta nueva amenaza global. A medida que han pasado 25 años, el yihadismo ha evolucionado, dispersándose en múltiples grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico, y ha encontrado un nuevo epicentro en el continente africano. Esto resalta la relevancia de la cooperación, no solo a nivel internacional, sino también interno entre agencias de seguridad de cada país para abordar esta compleja realidad.
Transcripciones
¿Qué falló el 11-S para que un atentado de esa magnitud pudiera llevarse a cabo? Bueno, para entender por qué se materializaron los atentados del 11 de septiembre, tenemos que ponernos en situación del año 2001, cuando el terrorismo yihadista no era todavía una realidad conocida, y no digo sólo para la inmensa mayoría de la ciudadanía, sino también para los servicios de inteligencia y las fuerzas y cuerpos de seguridad.
Por supuesto, estos, y me refiero sobre todo a los estadounidenses, ya habían empezado a tratar de dar forma a esta nueva amenaza que había dado señales de vida en atentados contra embajadas norteamericanas en la década de los 90 del siglo pasado en el continente africano.
Sin embargo, como digo, todavía no tenían una idea clara de cuáles eran los objetivos, cuál era el modus operandi, cómo eran las formas de reclutamiento y de radicalización de sus miembros.
Y por tanto, diría que estos atentados fueron la tarjeta de presentación de esta nueva amenaza de carácter global. Pero además, en sintonía con lo que estoy explicando, es cierto que una de las principales lecciones aprendidas que se extraen de los atentados del 11 de septiembre fue la emergencia de una nueva amenaza, como digo, de carácter global, una amenaza que era un grupo terrorista que no tenía, estaba sentada en ningún país en particular, aunque en aquel momento tenía su base en Afganistán, pero que, como digo, sus actores procedían, tenían distintas nacionalidades y por primera vez ya no tenían unos objetivos de carácter, digamos, nacional, como era el terrorismo que habíamos conocido hasta entonces, que tenían una demarcación nacional o como mucho transnacional.
Hablamos ahora de un terrorismo que tiene ambición global y que, por tanto, requiere de cooperación internacional. Y esto es la primera lección aprendida, la necesidad de cooperar, de que todos los países compartan información, conocimiento y colaboren en la mitigación de esta amenaza. Y esto nos lleva también a otro tipo de cooperación, que se refiere a cooperación interna dentro de los propios estados nacionales, cooperación entre sus distintos servicios.
porque en ocasiones, y como puso de manifiesto los atentados del 11 de septiembre, agencias de inteligencia que se dedicaban a la acción exterior no compartían o no colaboraban lo suficiente con otras agencias de inteligencia que, sin embargo, trabajaban la amenaza interior.
Esto fue el caso de la CIA y del FBI, que tenían investigadores trabajando en esta amenaza y que, sin embargo, no llegaron a compartir lo que conocían de esta amenaza a la que se estaba dando forma.
Bueno, pues sirva como ejemplo, tal vez anecdótico, pero creo que relevante, el hecho de que en un momento dado el FBI supo que había individuos que se estaban formando en el manejo y pilotaje de aviones.
Sin embargo, estos individuos mostraron solo interés por despegar y conocer cómo dirigir estos aviones en vuelo y no tenían interés por, sin embargo, aterrizar. Bueno, pues esta pieza de información tal vez puesta en un mayor contexto, en el contexto, como digo, de otros atentados que ya se habían dado en otros escenarios, etc., pues podían haber, digamos, contribuido.
Como digo, esto es una pieza anecdótica, pero que tal vez nos da muestra de cómo era necesario que los profesionales que estaban trabajando en esta amenaza ya desde algunos años pudieran dar mejor forma a sus análisis, una mejor interpretación y, por tanto, unas mejores medidas preventivas.
Vale, perfecto. Entonces, me queda claro que la coordinación fue uno de los aspectos que en ese momento no se potenciaron y, por tanto, pudo tener algún tipo de repercusión. No sé si hubo algún elemento más clave que fallara. Y también, de todos esos elementos que hubiera, ¿qué es lo que nos queda por mejor a día de hoy?
Sin duda, y de nuevo poniéndonos en situación del momento temporal, cronológico en el que ocurrieron estos atentados, efectivamente carecíamos de una legislación, de unas leyes adecuadas a una amenaza que, como digo, no era conocida y todavía no se había presentado de la manera brutal que lo hizo aquel 11 de septiembre del año 2001.
para la comunidad global. Entonces, sin duda, otro de los aspectos claves sobre los que hubo que reflexionar y adaptar fue la necesidad de dotarnos de leyes adecuadas y adaptadas a esta nueva amenaza, que como digo, por primera vez es global y requería, por tanto, de una visión más amplia de la que tradicionalmente habían adoptado los Estados que sufrían amenazas terroristas para contener y hacer frente a esta amenaza y responder a la misma en sus propios países.
Así que, sin duda, la adaptación y el desarrollo de nuevas leyes y también de una nueva arquitectura internacional para abordar un problema global fue otro de las consecuencias de estos atentados. 25 años después, ¿cómo ha cambiado la amenaza terrorista?
Claro, en el momento en el que ocurrieron los atentados del 11 de septiembre, el yihadismo global estaba liderado por Al Qaeda, que era la única matriz yihadista en aquel momento, liderada por Osama Bin Laden, esa figura carismática que dirigió el yihadismo global hasta su muerte en Abu Tabat en el año 2011.
En la actualidad ya no podemos hablar de una amenaza protagonizada por una única matriz, sino que tenemos que hablar de una amenaza que está dividida, que se encuentra dividida, ya no solo en Al Qaeda, sino también en la organización Estado Islámico, que surge en el contexto de la guerra civil de Siria como una nueva matriz de yihadismo global, y un tercer grupo de actores yihadistas que, si bien en un momento dado estuvieron vinculados o relacionados con estas dos grandes matrices yihadistas, como son Al-Qaeda y Estado Islámico, sin embargo, ahora han roto estos lazos con sus organizaciones de referencia y se presentan como organizaciones autónomas, con una identidad propia, pero que sin embargo también contribuyen en la consecución de objetivos propiamente terroristas.
Por ejemplo, en el continente africano, el grupo que en la actualidad es más fuerte y que lidera de alguna manera el yihadismo en ese escenario, J.N.I.M. estaba en el entorno de Al Qaeda y sin embargo ahora actúa de manera no directamente relacionada con esta. Estos actores también forman parte de este ecosistema yihadista, pero además también tenemos que fijarnos en la figura de estos actores solitarios que se radicalizan de manera autónoma asumiendo la ideología y la estrategia y los objetivos de estos grupos yihadistas y que deciden movilizarse por su propia cuenta en solitario un fenómeno que es lo habitual en la actualidad por ejemplo si nos referimos a Occidente y a Unión Europea por ejemplo, donde estas matrices terroristas no cuentan con bases, pero sí con estos simpatizantes que son capaces de autorradicalizarse y movilizarse en favor de estas estructuras, simplemente tras haber sufrido un proceso de autorradicalización y sentirse parte y miembro del movimiento.
Igualmente, si atendemos a los principales escenarios donde se desarrolla el yihadismo global, estos han cambiado a lo largo de los 25 años transcurridos desde los atentados del 11 de septiembre.
En aquel momento el epicentro del terrorismo yihadista se situaba en Afganistán. Posteriormente, en el contexto de la guerra contra el terror, se trasladó hacia Oriente Medio. Recordemos la guerra de Irak en el año 2003. Y ya en el contexto de la guerra civil en Siria, a partir del año 2012, fue Siria y su vecino Irak, de nuevo, donde la actividad y los grupos yihadistas destacaron.
Es además en este contexto, en el contexto del conflicto en Siria, que se extiende posteriormente a Irak, donde surge Estado Islámico como nueva matriz de terrorismo global en competición con Al-Qaeda, que era quien había ejercido la vanguardia o liderazgo del yihadismo global desde los atentados.
Así que, como digo, los escenarios también cambian, evolucionan, y tras la derrota del Estado islámico en Siria en el año 2019, tras la última batalla de Bagus, cuando perdió todo el terreno del pseudo-califato que había establecido a ambos lados de la frontera sirio-iraquí, el epicentro se traslada o se mueve hacia el continente africano, que es hoy el escenario donde los grupos yihadistas están más fuertes, activos, y se considera por las organizaciones y organismos internacionales el epicentro del yihadismo global en la actualidad.
Un escenario que desde nuestra perspectiva europea y española es especialmente relevante, ya que estamos hablando casi de nuestra frontera sur. De manera muy específica se señala el Sahel como ese epicentro y por tanto un escenario especialmente relevante desde nuestra perspectiva española y como frontera sur de la Unión Europea.
¿Qué falló el 11-S para que un atentado de esa magnitud pudiera llevarse a cabo? Bueno, para entender por qué se materializaron los atentados del 11 de septiembre, tenemos que ponernos en situación del año 2001, cuando el terrorismo yihadista no era todavía una realidad conocida, y no digo sólo para la inmensa mayoría de la ciudadanía, sino también para los servicios de inteligencia y las fuerzas y cuerpos de seguridad.
Por supuesto, estos, y me refiero sobre todo a los estadounidenses, ya habían empezado a tratar de dar forma a esta nueva amenaza que había dado señales de vida en atentados contra embajadas norteamericanas en la década de los 90 del siglo pasado en el continente africano.
Sin embargo, como digo, todavía no tenían una idea clara de cuáles eran los objetivos, cuál era el modus operandi, cómo eran las formas de reclutamiento y de radicalización de sus miembros.
Y por tanto, diría que estos atentados fueron la tarjeta de presentación de esta nueva amenaza de carácter global. Pero además, en sintonía con lo que estoy explicando, es cierto que una de las principales lecciones aprendidas que se extraen de los atentados del 11 de septiembre fue la emergencia de una nueva amenaza, como digo, de carácter global, una amenaza que era un grupo terrorista que no tenía, estaba sentada en ningún país en particular, aunque en aquel momento tenía su base en Afganistán, pero que, como digo, sus actores procedían, tenían distintas nacionalidades y por primera vez ya no tenían unos objetivos de carácter, digamos, nacional, como era el terrorismo que habíamos conocido hasta entonces, que tenían una demarcación nacional o como mucho transnacional.
Hablamos ahora de un terrorismo que tiene ambición global y que, por tanto, requiere de cooperación internacional. Y esto es la primera lección aprendida, la necesidad de cooperar, de que todos los países compartan información, conocimiento y colaboren en la mitigación de esta amenaza. Y esto nos lleva también a otro tipo de cooperación, que se refiere a cooperación interna dentro de los propios estados nacionales, cooperación entre sus distintos servicios.
porque en ocasiones, y como puso de manifiesto los atentados del 11 de septiembre, agencias de inteligencia que se dedicaban a la acción exterior no compartían o no colaboraban lo suficiente con otras agencias de inteligencia que, sin embargo, trabajaban la amenaza interior.
Esto fue el caso de la CIA y del FBI, que tenían investigadores trabajando en esta amenaza y que, sin embargo, no llegaron a compartir lo que conocían de esta amenaza a la que se estaba dando forma.
Bueno, pues sirva como ejemplo, tal vez anecdótico, pero creo que relevante, el hecho de que en un momento dado el FBI supo que había individuos que se estaban formando en el manejo y pilotaje de aviones.
Sin embargo, estos individuos mostraron solo interés por despegar y conocer cómo dirigir estos aviones en vuelo y no tenían interés por, sin embargo, aterrizar. Bueno, pues esta pieza de información tal vez puesta en un mayor contexto, en el contexto, como digo, de otros atentados que ya se habían dado en otros escenarios, etc., pues podían haber, digamos, contribuido.
Como digo, esto es una pieza anecdótica, pero que tal vez nos da muestra de cómo era necesario que los profesionales que estaban trabajando en esta amenaza ya desde algunos años pudieran dar mejor forma a sus análisis, una mejor interpretación y, por tanto, unas mejores medidas preventivas.
Vale, perfecto. Entonces, me queda claro que la coordinación fue uno de los aspectos que en ese momento no se potenciaron y, por tanto, pudo tener algún tipo de repercusión. No sé si hubo algún elemento más clave que fallara. Y también, de todos esos elementos que hubiera, ¿qué es lo que nos queda por mejor a día de hoy?
Sin duda, y de nuevo poniéndonos en situación del momento temporal, cronológico en el que ocurrieron estos atentados, efectivamente carecíamos de una legislación, de unas leyes adecuadas a una amenaza que, como digo, no era conocida y todavía no se había presentado de la manera brutal que lo hizo aquel 11 de septiembre del año 2001.
para la comunidad global. Entonces, sin duda, otro de los aspectos claves sobre los que hubo que reflexionar y adaptar fue la necesidad de dotarnos de leyes adecuadas y adaptadas a esta nueva amenaza, que como digo, por primera vez es global y requería, por tanto, de una visión más amplia de la que tradicionalmente habían adoptado los Estados que sufrían amenazas terroristas para contener y hacer frente a esta amenaza y responder a la misma en sus propios países.
Así que, sin duda, la adaptación y el desarrollo de nuevas leyes y también de una nueva arquitectura internacional para abordar un problema global fue otro de las consecuencias de estos atentados. 25 años después, ¿cómo ha cambiado la amenaza terrorista?
Claro, en el momento en el que ocurrieron los atentados del 11 de septiembre, el yihadismo global estaba liderado por Al Qaeda, que era la única matriz yihadista en aquel momento, liderada por Osama Bin Laden, esa figura carismática que dirigió el yihadismo global hasta su muerte en Abu Tabat en el año 2011.
En la actualidad ya no podemos hablar de una amenaza protagonizada por una única matriz, sino que tenemos que hablar de una amenaza que está dividida, que se encuentra dividida, ya no solo en Al Qaeda, sino también en la organización Estado Islámico, que surge en el contexto de la guerra civil de Siria como una nueva matriz de yihadismo global, y un tercer grupo de actores yihadistas que, si bien en un momento dado estuvieron vinculados o relacionados con estas dos grandes matrices yihadistas, como son Al-Qaeda y Estado Islámico, sin embargo, ahora han roto estos lazos con sus organizaciones de referencia y se presentan como organizaciones autónomas, con una identidad propia, pero que sin embargo también contribuyen en la consecución de objetivos propiamente terroristas.
Por ejemplo, en el continente africano, el grupo que en la actualidad es más fuerte y que lidera de alguna manera el yihadismo en ese escenario, J.N.I.M. estaba en el entorno de Al Qaeda y sin embargo ahora actúa de manera no directamente relacionada con esta. Estos actores también forman parte de este ecosistema yihadista, pero además también tenemos que fijarnos en la figura de estos actores solitarios que se radicalizan de manera autónoma asumiendo la ideología y la estrategia y los objetivos de estos grupos yihadistas y que deciden movilizarse por su propia cuenta en solitario un fenómeno que es lo habitual en la actualidad por ejemplo si nos referimos a Occidente y a Unión Europea por ejemplo, donde estas matrices terroristas no cuentan con bases, pero sí con estos simpatizantes que son capaces de autorradicalizarse y movilizarse en favor de estas estructuras, simplemente tras haber sufrido un proceso de autorradicalización y sentirse parte y miembro del movimiento.
Igualmente, si atendemos a los principales escenarios donde se desarrolla el yihadismo global, estos han cambiado a lo largo de los 25 años transcurridos desde los atentados del 11 de septiembre.
En aquel momento el epicentro del terrorismo yihadista se situaba en Afganistán. Posteriormente, en el contexto de la guerra contra el terror, se trasladó hacia Oriente Medio. Recordemos la guerra de Irak en el año 2003. Y ya en el contexto de la guerra civil en Siria, a partir del año 2012, fue Siria y su vecino Irak, de nuevo, donde la actividad y los grupos yihadistas destacaron.
Es además en este contexto, en el contexto del conflicto en Siria, que se extiende posteriormente a Irak, donde surge Estado Islámico como nueva matriz de terrorismo global en competición con Al-Qaeda, que era quien había ejercido la vanguardia o liderazgo del yihadismo global desde los atentados.
Así que, como digo, los escenarios también cambian, evolucionan, y tras la derrota del Estado islámico en Siria en el año 2019, tras la última batalla de Bagus, cuando perdió todo el terreno del pseudo-califato que había establecido a ambos lados de la frontera sirio-iraquí, el epicentro se traslada o se mueve hacia el continente africano, que es hoy el escenario donde los grupos yihadistas están más fuertes, activos, y se considera por las organizaciones y organismos internacionales el epicentro del yihadismo global en la actualidad.
Un escenario que desde nuestra perspectiva europea y española es especialmente relevante, ya que estamos hablando casi de nuestra frontera sur. De manera muy específica se señala el Sahel como ese epicentro y por tanto un escenario especialmente relevante desde nuestra perspectiva española y como frontera sur de la Unión Europea.
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