Carnecería Antón despachó carne desde la pequeña localidad de Fuenteálamo desde mitad de siglo pasado y hasta que bajó la persiana en 2016, sellando así una historia de oficio, arte a los cuchillos y pasión por los animales para dar de comer a toda una comarca. Una década después de cerrar la cámara por última vez, María José Fuenteálamo desempolva el mostrador de la tienda de su familia en 'La hija del carnicero'
Transcripciones
Carnecería Antón despachó carne desde Fuente Álamo desde la mitad del siglo pasado y hasta que bajó la persiana en 2016, sellando así una historia de oficio, arte a los cuchillos y pasión por los animales para dar de comer a toda la comarca.
Una década después de cerrar la cámara por última vez, María José Fuente Álamo desempolva el mostrador de la tienda de su familia en la hija del carnicero.
El carnicero es una palabra que erróneamente, y aquí va mi queja a la Real Academia Española, tiene una connotación negativa y la tiene por esa forma una concepción errónea en el sentido de que el carnicero es el que está más cerca del animal y eso es algo que yo viví desde pequeña.
Yo creo que es un debate que no se va a acabar nunca y que probablemente esté muy bien, que no se acabe nunca porque estamos debatiendo sobre nuestra propia esencia.
En este ensayo, la autora y periodista albaceteña que tomó de su pueblo su apellido de guerra, reflexiona sobre ética, filosofía, ruralidad, historia de las religiones y marketing a lo largo de 200 páginas.
Nos dejamos llevar demasiado por lo que nos dice, por lo que nos recomiendan, por las modas, por el eslogan, y hemos perdido la soberanía alimentaria.
Hoy nosotros no sabemos vivir sin una etiqueta, sin un listado de ingredientes, sin esa fecha de caducidad.
A mí me tiene loca.
Defendiendo la profesión de carnicero y el papel del pequeño comercio de los pueblos, Fuente Álamo presume de arraigo en torno a la carne y defiende una forma de ser y de trabajar casi en desuso.
Ahora vivimos un mundo en el que estamos alijadísimos de los animales.
De hecho, a veces no sabemos ni la carne que comemos, no sabemos de dónde viene, no sabemos dónde se ha criado, qué ha comido.
Esto no lo ha contado nadie.
Esto no ha contado nadie cómo se vive ahí dentro, cómo es el día a día, cómo es el trato familiar de verdad entre carnejeros y ganaderos desde estas cositas pequeñas.
y es un mundo que desaparece.
Aunque es el paso del tiempo el que ha de poner a cada uno en su lugar, Fuente Álamo ensalza la labor del carnicero y su mundo desde el relato autobiográfico, con la premisa de una carnicería de pueblo a través de la que viaja en el tiempo para hacerse preguntas y buscar respuestas.
Si esa idea más en la que yo diferencio de carnicero como adjetivo y carnicero como nombre, como sustantivo del que estar orgulloso, que es mi padre al que yo he conocido y ese mundo que yo he conocido de carniceros orgullosos.
A mí me parece súper injusto cómo ha tratado la sociedad a los carniceros.
Súper, o sea, muy injusto.
Por eso lo reivindico.
O sea, los carniceros en este país han hecho mucho y muy bueno por la alimentación de este país.
La periodista, que admite que su profesión bebe también de despiecear la materia prima para ofrecer al consumidor el mejor de los cortes según la ocasión, abrocha un primer trabajo literario en el que ensancha su pluma y hace justicia con su pueblo, sus raíces, su familia y hasta su forma de estar en el mundo.
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Carnecería Antón despachó carne desde Fuente Álamo desde la mitad del siglo pasado y hasta que bajó la persiana en 2016, sellando así una historia de oficio, arte a los cuchillos y pasión por los animales para dar de comer a toda la comarca.
Una década después de cerrar la cámara por última vez, María José Fuente Álamo desempolva el mostrador de la tienda de su familia en la hija del carnicero. El carnicero es una palabra que erróneamente, y aquí va mi queja a la Real Academia Española, tiene una connotación negativa y la tiene por esa forma una concepción errónea en el sentido de que el carnicero es el que está más cerca del animal y eso es algo que yo viví desde pequeña.
Yo creo que es un debate que no se va a acabar nunca y que probablemente esté muy bien, que no se acabe nunca porque estamos debatiendo sobre nuestra propia esencia. En este ensayo, la autora y periodista albaceteña que tomó de su pueblo su apellido de guerra, reflexiona sobre ética, filosofía, ruralidad, historia de las religiones y marketing a lo largo de 200 páginas.
Nos dejamos llevar demasiado por lo que nos dice, por lo que nos recomiendan, por las modas, por el eslogan, y hemos perdido la soberanía alimentaria. Hoy nosotros no sabemos vivir sin una etiqueta, sin un listado de ingredientes, sin esa fecha de caducidad. A mí me tiene loca. Defendiendo la profesión de carnicero y el papel del pequeño comercio de los pueblos, Fuente Álamo presume de arraigo en torno a la carne y defiende una forma de ser y de trabajar casi en desuso.
Ahora vivimos un mundo en el que estamos alijadísimos de los animales. De hecho, a veces no sabemos ni la carne que comemos, no sabemos de dónde viene, no sabemos dónde se ha criado, qué ha comido. Esto no lo ha contado nadie. Esto no ha contado nadie cómo se vive ahí dentro, cómo es el día a día, cómo es el trato familiar de verdad entre carnejeros y ganaderos desde estas cositas pequeñas.
y es un mundo que desaparece. Aunque es el paso del tiempo el que ha de poner a cada uno en su lugar, Fuente Álamo ensalza la labor del carnicero y su mundo desde el relato autobiográfico, con la premisa de una carnicería de pueblo a través de la que viaja en el tiempo para hacerse preguntas y buscar respuestas.
Si esa idea más en la que yo diferencio de carnicero como adjetivo y carnicero como nombre, como sustantivo del que estar orgulloso, que es mi padre al que yo he conocido y ese mundo que yo he conocido de carniceros orgullosos.
A mí me parece súper injusto cómo ha tratado la sociedad a los carniceros. Súper, o sea, muy injusto. Por eso lo reivindico. O sea, los carniceros en este país han hecho mucho y muy bueno por la alimentación de este país. La periodista, que admite que su profesión bebe también de despiecear la materia prima para ofrecer al consumidor el mejor de los cortes según la ocasión, abrocha un primer trabajo literario en el que ensancha su pluma y hace justicia con su pueblo, sus raíces, su familia y hasta su forma de estar en el mundo.
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