Vivir es fácil con los ojos cerrados, hasta que descubrimos que "la vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes", Así lo atestiguan Esperanza, Begoña, Esther y Julia. Todas han sufrido daño cerebral sobrevenido, que además de paralizar sus cuerpos, detuvo su tiempo y el de sus familias.
Cuatro mujeres, Esperanza, Begoña, Esther y Julia, comparten sus testimonios sobre la superación del daño cerebral sobrevenido, que les paralizó los cuerpos y detuvo sus vidas. Esther, afectada por meningitis a los 13 años, encontró motivación en su pasión por el fútbol y logró recuperarse para convertirse en madre y maestra. Julia, quien sufrió una crisis en un cumpleaños, también encontró apoyo en la fisioterapia y el amor familiar, sintiéndose feliz en su vida actual. Begoña, tras un ictus a los 46 años, superó meses de rehabilitación y descubrió que su familia se amplió en el proceso. Por su parte, Esperanza, que enfrentó la muerte de su hijo tras un ictus, ha aprendido a vivir con apoyo familiar y ayuda de Adace. Juntas, estas mujeres han demostrado que, a pesar de las adversidades, es posible volver a abrir la puerta a la vida, mostrando fuerza y resiliencia.
Transcripciones
La vida es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes.
Así la testiguan Esperanza, Begoña, Esther y Julia.
Todas han sufrido daño cerebral sobrevenido, que además de paralizar sus cuerpos, detuvo su tiempo y el de sus familias.
Esther Chumillas tenía 13 años cuando una meningitis le quitó la capacidad de ver, de moverse y las ganas de vivir.
Fue su pasión futbolera y su idolatría por el madridista Fernando Hierro lo que la hizo reconectar con la vida.
Fue a verme al hospital y entonces dice que fue la primera vez que hice el amago de levantarme y de ahí aún me recupré la vista que tengo.
Con la ayuda de la Asociación de Daño Cerebral de Cuenca, la agnosia visual que padece no la ha impedido ser maestra en pedagogía terapéutica y lo más difícil, ser madre.
Tienes que pasar tu duelo porque es verdad que tienes que pasar tu duelo pero que no puedes rendirte.
A Julia se le rompió la infancia con 10 años.
Estaba en un cumpleaños del colegio, en un parque de bolas, y me dolió mucho la cabeza y al final nadie me entendía, yo me caía hacia un lateral y llamaron a urgencias, claro.
La fisioterapia y el amor incondicional de los suyos volvieron a hacer que ese puzzle que se deshizo volviese a encajar.
Ahora estoy perfectamente, ahora muy feliz con mi carrera, mis trabajos.
La verdad que esto simplemente es como un añadido a mi vida, no le veo ningún tipo de limitación.
Begoña Fernández tenía la mente en Canarias, donde a sus 46 años iba a disfrutar de sus primeras vacaciones familiares, pero el ictus la hizo cambiar de destino.
Tras dos meses en el hospital, llegó al Instituto de Enfermedades Neurológicas de Guadalajara, que hizo el milagro.
Yo no hablaba ni hablaba ni caminaba ni nada.
Fueron meses de duro trabajo y de una infinita nostalgia por su marido y sus hijos, hasta que se dio cuenta de que no había perdido, sino ampliado su núcleo familiar.
Es que está como si.
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Es una familia.
A Esperanza Matei Zamarro, el ictus latino, dejó cuatro operaciones y un pronóstico poco alentador, pero le esperaba el peor de los zarpazos, la muerte de su hijo Alberto.
Con el parapeto de su familia y la ayuda de Adace, ha reconducido sus días.
He aprendido a vivir con ellos, soy feliz y quiero ayudar a todas las personas que lo necesiten.
de transitar un duelo y de aprender un nuevo lenguaje hecho de paciencia, fuerza y resiliencia, estas cuatro mujeres han vuelto a abrir la puerta a la vida.
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La vida es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes. Así la testiguan Esperanza, Begoña, Esther y Julia. Todas han sufrido daño cerebral sobrevenido, que además de paralizar sus cuerpos, detuvo su tiempo y el de sus familias. Esther Chumillas tenía 13 años cuando una meningitis le quitó la capacidad de ver, de moverse y las ganas de vivir.
Fue su pasión futbolera y su idolatría por el madridista Fernando Hierro lo que la hizo reconectar con la vida. Fue a verme al hospital y entonces dice que fue la primera vez que hice el amago de levantarme y de ahí aún me recupré la vista que tengo. Con la ayuda de la Asociación de Daño Cerebral de Cuenca, la agnosia visual que padece no la ha impedido ser maestra en pedagogía terapéutica y lo más difícil, ser madre.
Tienes que pasar tu duelo porque es verdad que tienes que pasar tu duelo pero que no puedes rendirte. A Julia se le rompió la infancia con 10 años. Estaba en un cumpleaños del colegio, en un parque de bolas, y me dolió mucho la cabeza y al final nadie me entendía, yo me caía hacia un lateral y llamaron a urgencias, claro.
La fisioterapia y el amor incondicional de los suyos volvieron a hacer que ese puzzle que se deshizo volviese a encajar. Ahora estoy perfectamente, ahora muy feliz con mi carrera, mis trabajos. La verdad que esto simplemente es como un añadido a mi vida, no le veo ningún tipo de limitación.
Begoña Fernández tenía la mente en Canarias, donde a sus 46 años iba a disfrutar de sus primeras vacaciones familiares, pero el ictus la hizo cambiar de destino. Tras dos meses en el hospital, llegó al Instituto de Enfermedades Neurológicas de Guadalajara, que hizo el milagro. Yo no hablaba ni hablaba ni caminaba ni nada.
Fueron meses de duro trabajo y de una infinita nostalgia por su marido y sus hijos, hasta que se dio cuenta de que no había perdido, sino ampliado su núcleo familiar. Es que está como si... Es una familia. A Esperanza Matei Zamarro, el ictus latino, dejó cuatro operaciones y un pronóstico poco alentador, pero le esperaba el peor de los zarpazos, la muerte de su hijo Alberto.
Con el parapeto de su familia y la ayuda de Adace, ha reconducido sus días. He aprendido a vivir con ellos, soy feliz y quiero ayudar a todas las personas que lo necesiten. de transitar un duelo y de aprender un nuevo lenguaje hecho de paciencia, fuerza y resiliencia, estas cuatro mujeres han vuelto a abrir la puerta a la vida.
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