El cetrero, Luis Pérez, explica como el halcón peregrino se incorpora al proyecto urbano de reintroducción de la especie en Zaragoza
El cetrero Luis Pérez detalla el avance del proyecto de reintroducción del halcón peregrino en Zaragoza, donde se han registrado logros significativos a pesar de las dificultades naturales. Desde el inicio del proyecto, se han consolidado dos parejas de halcones, uno en el centro de la ciudad y otro en la zona del Ebro. Los pollos, provenientes de crías en cautividad, son criados mediante un proceso denominado hacking, que les permite adaptarse al entorno urbano con la ayuda de un seguimiento GPS. Esto les ayuda a familiarizarse con la ciudad sin asociar a los humanos con la comida. A pesar de que la ciudad representa un entorno relativamente seguro, los halcones deben enfrentar riesgos al salir al campo, como depredadores y peligros como tendidos eléctricos y aerogeneradores. La experiencia acumulada sugiere que, en el contexto urbano, los halcones pueden encontrar un refugio más seguro en comparación con su hábitat natural.
Transcripciones
Desde que empezamos el proyecto ha habido una evolución, también ha habido luces y sombras porque al final también hay bajas en el campo, al final es la vida, o sea la naturaleza, tal y como funciona habitualmente, y entonces sí que tenemos dos parejas que se han ya consolidado, han encontrado pareja los dos pollos que soltamos ya hace años, y uno ha sido en el centro de Zaragoza y otro ha sido en el cortado del Ebro, entre Alfosea y Casetas.
En principio se colectan los pollos procedentes de la cría en cautividad con 32 días y se hace un proceso de hacking que se llama o crianza campestre, en el cual se introducen dentro del cajón que habéis visto anteriormente y se les va haciendo un aporte de comida diario y a la semana se les pondrá un GPS para poder llevar un seguimiento diario de sus desplazamientos y de sus evoluciones.
Entonces, lo que es la azotea de etopía, digamos que es un ecosistema en el cual se van desarrollando poco a poco, van acostumbrándose al movimiento de la ciudad, más el aporte diario, crea una querencia en el cual los animales, una vez que saltan ya de la azotea, empiezan a hacer sus evoluciones en todo lo que es la zona de la almozara, empiezan a reconocer el territorio y a desarrollarse exactamente igual que sus congéneres en estado salvaje.
La única diferencia es que en lugar de criarlos sus padres, los vamos criando nosotros y vamos acompañándolos en todo el proceso de desarrollo hasta que llegan a la emancipación final.
Intentamos evitar en todo momento que nos asocien con la comida.
Si os habéis fijado en la caja, la caja por detrás tiene un hueco por donde se introduce la comida y ellos en ningún momento asocian el ser humano con el aporte de comida.
Al final, dentro de la ciudad se podría decir que es donde más seguros, según la experiencia que tenemos en estos años, donde más seguros se encuentran.
Al final, cuando salen al campo, tienen que luchar con depredadores que les pueden atacar, tendidos eléctricos en un momento sin aislar, impactos con aerogeneradores, lo que viene ocurriendo en especímenes de la naturaleza.
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Desde que empezamos el proyecto ha habido una evolución, también ha habido luces y sombras porque al final también hay bajas en el campo, al final es la vida, o sea la naturaleza, tal y como funciona habitualmente, y entonces sí que tenemos dos parejas que se han ya consolidado, han encontrado pareja los dos pollos que soltamos ya hace años, y uno ha sido en el centro de Zaragoza y otro ha sido en el cortado del Ebro, entre Alfosea y Casetas.
En principio se colectan los pollos procedentes de la cría en cautividad con 32 días y se hace un proceso de hacking que se llama o crianza campestre, en el cual se introducen dentro del cajón que habéis visto anteriormente y se les va haciendo un aporte de comida diario y a la semana se les pondrá un GPS para poder llevar un seguimiento diario de sus desplazamientos y de sus evoluciones.
Entonces, lo que es la azotea de etopía, digamos que es un ecosistema en el cual se van desarrollando poco a poco, van acostumbrándose al movimiento de la ciudad, más el aporte diario, crea una querencia en el cual los animales, una vez que saltan ya de la azotea, empiezan a hacer sus evoluciones en todo lo que es la zona de la almozara, empiezan a reconocer el territorio y a desarrollarse exactamente igual que sus congéneres en estado salvaje.
La única diferencia es que en lugar de criarlos sus padres, los vamos criando nosotros y vamos acompañándolos en todo el proceso de desarrollo hasta que llegan a la emancipación final.
Intentamos evitar en todo momento que nos asocien con la comida. Si os habéis fijado en la caja, la caja por detrás tiene un hueco por donde se introduce la comida y ellos en ningún momento asocian el ser humano con el aporte de comida. Al final, dentro de la ciudad se podría decir que es donde más seguros, según la experiencia que tenemos en estos años, donde más seguros se encuentran.
Al final, cuando salen al campo, tienen que luchar con depredadores que les pueden atacar, tendidos eléctricos en un momento sin aislar, impactos con aerogeneradores, lo que viene ocurriendo en especímenes de la naturaleza.
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