La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, inaugura el foro 'Patrimonio mundial y turismo: una unión imbatible'
La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, inauguró el foro 'Patrimonio mundial y turismo: una unión imbatible', enfatizando la relevancia del patrimonio cultural como elemento esencial de la identidad de las ciudades. Chueca destacó que cuidar el patrimonio es cuidar la historia y el alma de la ciudad, recordando ejemplos emblemáticos como el Palacio de la Aljafería y las Torres Mudéjares de la Iglesia de San Pablo, que ilustran el diálogo entre civilizaciones. En su discurso, subrayó que el arte mudéjar, reconocido como patrimonio mundial por la UNESCO, simboliza la creatividad y el mestizaje cultural. Además, la alcaldesa propuso que el patrimonio puede ser un motor para un turismo más sostenible y humano, al proteger no solo los monumentos, sino también la memoria colectiva. Con la reunión de expertos de diversas ciudades, Zaragoza se posiciona como un puente entre culturas, promoviendo la reflexión sobre el impacto del patrimonio en el desarrollo turístico.
Transcripciones
Cuidar el patrimonio es cuidar nuestra historia y cuidar también el alma de nuestras ciudades.
Porque el patrimonio no es únicamente lo que heredamos del pasado, sino que es también lo que decidimos preservar para el futuro.
Y eso en Zaragoza lo sabemos bien.
Lo vemos en la silueta inconfundible del aseo, donde siglos de historia dialogan entre culturas.
Lo sentimos en el Palacio de la Aljafería, joya islámica, símbolo de la convivencia artística.
Y lo contemplamos en las Torres Mudéjares de la Iglesia de San Pablo, que se elevan al cielo y nos recuerdan que el arte puede nacer del encuentro entre distintas civilizaciones.
Nuestro arte mudéjar, ya se ha dicho, es patrimonio mundial de la UNESCO y lo es desde hace 25 años.
Es un mensaje de mestizaje, creatividad y diálogo entre culturas, algo tan necesario en este mundo en el que vivimos hoy en día.
Un arte que nos recuerda que las ciudades más ricas no son las que construyen muros, sino que son las que construyen puentes.
Y Zaragoza es y ha sido eso siempre, un puente.
Un puente entre territorios, un puente entre tradiciones, entre miradas distintas del mundo.
Un puente para una ciudad que es atravesada por el río Ebro y que también por la historia, por el comercio, por el arte y por la convivencia.
Hoy, al reunir aquí a expertos de tantas ciudades y países, Zaragoza se convierte en un lugar de encuentro para reflexionar sobre algo esencial, cómo el patrimonio puede ayudarnos a construir un turismo más sostenible, más respetuoso y más humano.
Porque cuando una ciudad protege su patrimonio, protege sus monumentos, protege también su identidad y protege también la memoria colectiva.
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Cuidar el patrimonio es cuidar nuestra historia y cuidar también el alma de nuestras ciudades. Porque el patrimonio no es únicamente lo que heredamos del pasado, sino que es también lo que decidimos preservar para el futuro. Y eso en Zaragoza lo sabemos bien. Lo vemos en la silueta inconfundible del aseo, donde siglos de historia dialogan entre culturas.
Lo sentimos en el Palacio de la Aljafería, joya islámica, símbolo de la convivencia artística. Y lo contemplamos en las Torres Mudéjares de la Iglesia de San Pablo, que se elevan al cielo y nos recuerdan que el arte puede nacer del encuentro entre distintas civilizaciones. Nuestro arte mudéjar, ya se ha dicho, es patrimonio mundial de la UNESCO y lo es desde hace 25 años.
Es un mensaje de mestizaje, creatividad y diálogo entre culturas, algo tan necesario en este mundo en el que vivimos hoy en día. Un arte que nos recuerda que las ciudades más ricas no son las que construyen muros, sino que son las que construyen puentes. Y Zaragoza es y ha sido eso siempre, un puente.
Un puente entre territorios, un puente entre tradiciones, entre miradas distintas del mundo. Un puente para una ciudad que es atravesada por el río Ebro y que también por la historia, por el comercio, por el arte y por la convivencia. Hoy, al reunir aquí a expertos de tantas ciudades y países, Zaragoza se convierte en un lugar de encuentro para reflexionar sobre algo esencial, cómo el patrimonio puede ayudarnos a construir un turismo más sostenible, más respetuoso y más humano.
Porque cuando una ciudad protege su patrimonio, protege sus monumentos, protege también su identidad y protege también la memoria colectiva.
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