Declaraciones del secretario del grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Pascual Sánchez-Juan, quien ha explicado que los medicamentos que pretenden ralentizar los efectos del Alzheimer tienen una eficacia demostrada a la hora de "retrasar" la progresión de la enfermedad: "No frenan del todo el avance, pero sí que lo hacen de una forma más lenta", al tiempo que ha subrayado que estos buenos resultados ya se están viendo "en los ensayos clínicos y en los datos que tenemos en otros países".
En España, se estima que entre 800.000 y un millón de personas padecen Alzheimer, afectando mayormente a mujeres, quienes también son las principales cuidadoras. Aunque no se conocen las causas exactas, se ha observado que las mujeres son más susceptibles a la enfermedad. El diagnóstico precoz es fundamental, ya que permite aplicar tratamientos que pueden ralentizar la progresión. Actualmente, se están desarrollando nuevos fármacos que, aunque no frenan completamente el avance, lo hacen de forma más lenta y se espera que pronto sean financiados en el país. El coste anual de atención a cada paciente asciende a aproximadamente 30.000 euros, siendo la mayor parte asumida por las familias. Además, se identifican hasta 14 factores de riesgo asociados, donde un estilo de vida activo y la modificación de hábitos como el consumo de alcohol y tabaco pueden ayudar a prevenir hasta un 40% de nuevos casos de Alzheimer.
Transcripciones
Cuéntenos cuántos afectados hay en España de Alzheimer y cuántos se diagnostican cada año. Bueno, no tenemos cifras exactas porque no hay un registro, pero hay una estimación de en torno a unas 800.000 personas, un millón de personas incluso, que podrían estar padeciendo la enfermedad de Alzheimer.
¿Y por qué principalmente son las mujeres las que más tienen esta enfermedad? Porque los datos son llamativos. Es cierto, sí, sí, sí, las mujeres son las que más frecuentemente tienen la enfermedad y además son las principales cuidadoras, o sea que se puede decir que el Alzheimer tiene cara de mujer.
Pues no sabemos, no sabemos exactamente cuál es la causa. Nosotros tenemos algunos estudios que muestran que no hay diferencia entre la patología en el cerebro entre hombres y mujeres, pero parece ser que las mujeres son más susceptibles a la patología, de tal forma que clínicamente hay más casos de Alzheimer en mujeres que en hombres.
Cierto es que las mujeres viven más, tienen mayor esperanza de vida que los hombres, pero incluso teniendo eso en cuenta sigue habiendo un exceso de casos de mujeres que es algo que aún tenemos que estudiar más.
Y de una enfermedad tan conocida y que tantos problemas provoca y tantos casos hay, ¿por qué hay tanto retraso en el diagnóstico? Ustedes hablan de que eso se produce. Sí, es cierto que se produce un retraso en el diagnóstico, cada vez menos porque tenemos cada vez más herramientas diagnósticas, lo que llamamos biomarcadores, que nos permiten detectar la enfermedad de una forma precisa y cada vez más precoz utilizando una serie de pruebas que cada vez están más disponibles en los hospitales.
Una de ellas es un PET, una prueba de medicina nuclear que detecta las proteínas que se acumulan en el cerebro. Otra prueba es una punción lumbar, detectamos ahí también esas proteínas, el líquido cefalorraquídeo, y cada vez es más frecuente, hay más hospitales, aunque está en el ámbito de la investigación, en muchos casos, que disponen de biomarcadores en sangre, que podemos, con un análisis de sangre, tener una certeza diagnóstica similar a la de la punción lumbar o el PET.
¿Y hasta qué punto es importante el diagnóstico precoz? Porque una vez que se conoce, ¿qué se puede hacer? Bueno, como en cualquier enfermedad, primero hay que tener un diagnóstico. Es importante saber lo que le pasa al paciente, eso reduce la incertidumbre y nos orienta hacia las medidas terapéuticas y cada vez tenemos más constancia de que en la enfermedad de Alzheimer, cuanto antes hacemos el diagnóstico, estas medidas van a tener más efecto.
Sobre todo ahora mismo, aunque aún no están financiados en España, contamos con tratamientos que pueden ir contra algunas de estas proteínas que se acumulan en la enfermedad de Alzheimer y tendrían un mayor efecto cuanto antes seamos capaces de administrarlas.
Eso sí que han pedido ustedes que estos fármacos sean incluidos en la financiación pública. ¿Por qué no se ha hecho y qué dan estos medicamentos? Bueno, estos medicamentos lo que hacen es retrasar el curso de la enfermedad de Alzheimer. No frenan del todo el avance, los pacientes siguen avanzando, pero sí que lo hacen de una forma más lenta.
Esto es lo que se está viendo en los ensayos clínicos y en los datos que tenemos ya en otros países. Pensamos que desde la Sociedad Española de Neurología se piensa que es un avance importante. que es el primer avance, es un primer hito porque es el primer fármaco en más de 20 años que es capaz de frenar el curso de la enfermedad y de hecho es el primer fármaco en 20 años que se aprueba en Europa y en Estados Unidos y pensamos que es el inicio de un cambio de paradigma en el tratamiento de estos pacientes.
Van a venir muchos más, sabemos que hay otros fármacos que se están testando en ensayos clínicos y que pensamos que poquito a poquito vayan mejorando ese retraso del avance de la enfermedad, cada vez seamos capaces de frenarlo más, por lo tanto pensamos que es importante que cuando se pueda se incorporen a la cartera de tratamientos en España.
Pero por lo que hayan podido hablar, ¿ven que sea probable? ¿Está cercano? Sabemos que están en negociación las administraciones con las empresas farmacéuticas, ese diálogo sigue y esperemos que en el futuro esto esté disponible para los pacientes en España.
¿Tienen datos sobre el coste tanto sanitario como para las familias que supone esta enfermedad? Sí, realmente el coste de estas enfermedades es tremendo porque la población cada vez es mayor, es más frecuente en los casos de esta enfermedad que, indefectiblemente, por desgracia, lleva a la dependencia.
Se han hecho algunos estudios que muestran que, de media, por paciente, estaría en torno a 30.000 euros al año. Obviamente, conforme avanza la enfermedad, esto es mucho más. Y un tema importante a destacar es que la mayoría de este coste lo asumen las familias. Serían costes que se llaman indirectos que lo asumen las familias porque obviamente tienen que dedicarse a cuidar a su familiar y dejan de hacer otras cosas.
¿Hay alguna forma de prevenir o de retrasar? ¿Hay riesgos que tomamos en el día a día que pueden prevenir esta enfermedad? Sí, conocemos que hay factores de riesgo que se asocian a esta enfermedad. Hay hasta 14 factores que se han descrito en grandes estudios epidemiológicos que sabemos que ayudan a, si pudiéramos controlar esos factores de riesgo, podríamos disminuir hasta un 40% de la aparición de nuevos casos.
Por lo tanto, sí que es sustancial. Algunos de estos factores son fácilmente modificables, como por ejemplo el consumo de alcohol, el tabaco. Hay otros factores que son un poco más difíciles de modificar, como puede ser, por ejemplo, la educación, que es una forma de proteger nuestro cerebro. Hay otros factores asociados al riesgo cardiovascular, como es la tensión, la diabetes, esto lo compartiría con, por ejemplo, la patología cardiovascular.
Y hay otros más específicos, como el sueño, dormir bien. Tenemos evidencia, sobre todo básica, de que es una forma que tiene el cerebro de recuperarse y es muy importante. Y otros estarían más relacionados con el aislamiento sensorial que tienen las personas con poca audición o pérdida de visión o simplemente el hecho de no llevar una vida socialmente activa.
El estar más retirado y ser más solitario sería un factor también de riesgo. Por lo tanto, una vida activa, tanto socialmente como físicamente, controlar los factores de riesgo cardiovascular y cognitivamente enriquecedora, pues es lo que se recomienda.
Yo quería preguntarle también, el tipo de vida que llevamos ahora, en la que nos obliga a pensar poco, ya hablamos de la IA, en la que enseguida cualquier duda que tengamos rápidamente, ¿eso puede influir?
¿Por qué no prestamos atención, no memorizamos, no pensamos tanto? Bueno, tendremos que esperar un tiempo para saber si esto tiene un efecto, estamos hablando de la enfermedad de Alzheimer. Desde luego parece que las nuevas tecnologías, sobre todo el abuso de las pantallas, tienen un efecto en nuestra capacidad de concentración, todo esto está ahí.
En principio no parece que pueda haber una relación directa, inmediata, con la enfermedad de Alzheimer, pero desde luego esto afecta a la salud cerebral y la salud cerebral hemos dicho que está relacionada con el riesgo, al menos la capacidad de resistir a la patología, a la resiliencia.
Por lo tanto, es algo que tendremos que ver en el futuro, estudios epidemiológicos tendrán que decir si este cambio tan importante en nuestros hábitos va a tener un cambio en el índice de la enfermedad.
Cuéntenos cuántos afectados hay en España de Alzheimer y cuántos se diagnostican cada año. Bueno, no tenemos cifras exactas porque no hay un registro, pero hay una estimación de en torno a unas 800.000 personas, un millón de personas incluso, que podrían estar padeciendo la enfermedad de Alzheimer.
¿Y por qué principalmente son las mujeres las que más tienen esta enfermedad? Porque los datos son llamativos. Es cierto, sí, sí, sí, las mujeres son las que más frecuentemente tienen la enfermedad y además son las principales cuidadoras, o sea que se puede decir que el Alzheimer tiene cara de mujer.
Pues no sabemos, no sabemos exactamente cuál es la causa. Nosotros tenemos algunos estudios que muestran que no hay diferencia entre la patología en el cerebro entre hombres y mujeres, pero parece ser que las mujeres son más susceptibles a la patología, de tal forma que clínicamente hay más casos de Alzheimer en mujeres que en hombres.
Cierto es que las mujeres viven más, tienen mayor esperanza de vida que los hombres, pero incluso teniendo eso en cuenta sigue habiendo un exceso de casos de mujeres que es algo que aún tenemos que estudiar más.
Y de una enfermedad tan conocida y que tantos problemas provoca y tantos casos hay, ¿por qué hay tanto retraso en el diagnóstico? Ustedes hablan de que eso se produce. Sí, es cierto que se produce un retraso en el diagnóstico, cada vez menos porque tenemos cada vez más herramientas diagnósticas, lo que llamamos biomarcadores, que nos permiten detectar la enfermedad de una forma precisa y cada vez más precoz utilizando una serie de pruebas que cada vez están más disponibles en los hospitales.
Una de ellas es un PET, una prueba de medicina nuclear que detecta las proteínas que se acumulan en el cerebro. Otra prueba es una punción lumbar, detectamos ahí también esas proteínas, el líquido cefalorraquídeo, y cada vez es más frecuente, hay más hospitales, aunque está en el ámbito de la investigación, en muchos casos, que disponen de biomarcadores en sangre, que podemos, con un análisis de sangre, tener una certeza diagnóstica similar a la de la punción lumbar o el PET.
¿Y hasta qué punto es importante el diagnóstico precoz? Porque una vez que se conoce, ¿qué se puede hacer? Bueno, como en cualquier enfermedad, primero hay que tener un diagnóstico. Es importante saber lo que le pasa al paciente, eso reduce la incertidumbre y nos orienta hacia las medidas terapéuticas y cada vez tenemos más constancia de que en la enfermedad de Alzheimer, cuanto antes hacemos el diagnóstico, estas medidas van a tener más efecto.
Sobre todo ahora mismo, aunque aún no están financiados en España, contamos con tratamientos que pueden ir contra algunas de estas proteínas que se acumulan en la enfermedad de Alzheimer y tendrían un mayor efecto cuanto antes seamos capaces de administrarlas.
Eso sí que han pedido ustedes que estos fármacos sean incluidos en la financiación pública. ¿Por qué no se ha hecho y qué dan estos medicamentos? Bueno, estos medicamentos lo que hacen es retrasar el curso de la enfermedad de Alzheimer. No frenan del todo el avance, los pacientes siguen avanzando, pero sí que lo hacen de una forma más lenta.
Esto es lo que se está viendo en los ensayos clínicos y en los datos que tenemos ya en otros países. Pensamos que desde la Sociedad Española de Neurología se piensa que es un avance importante. que es el primer avance, es un primer hito porque es el primer fármaco en más de 20 años que es capaz de frenar el curso de la enfermedad y de hecho es el primer fármaco en 20 años que se aprueba en Europa y en Estados Unidos y pensamos que es el inicio de un cambio de paradigma en el tratamiento de estos pacientes.
Van a venir muchos más, sabemos que hay otros fármacos que se están testando en ensayos clínicos y que pensamos que poquito a poquito vayan mejorando ese retraso del avance de la enfermedad, cada vez seamos capaces de frenarlo más, por lo tanto pensamos que es importante que cuando se pueda se incorporen a la cartera de tratamientos en España.
Pero por lo que hayan podido hablar, ¿ven que sea probable? ¿Está cercano? Sabemos que están en negociación las administraciones con las empresas farmacéuticas, ese diálogo sigue y esperemos que en el futuro esto esté disponible para los pacientes en España.
¿Tienen datos sobre el coste tanto sanitario como para las familias que supone esta enfermedad? Sí, realmente el coste de estas enfermedades es tremendo porque la población cada vez es mayor, es más frecuente en los casos de esta enfermedad que, indefectiblemente, por desgracia, lleva a la dependencia.
Se han hecho algunos estudios que muestran que, de media, por paciente, estaría en torno a 30.000 euros al año. Obviamente, conforme avanza la enfermedad, esto es mucho más. Y un tema importante a destacar es que la mayoría de este coste lo asumen las familias. Serían costes que se llaman indirectos que lo asumen las familias porque obviamente tienen que dedicarse a cuidar a su familiar y dejan de hacer otras cosas.
¿Hay alguna forma de prevenir o de retrasar? ¿Hay riesgos que tomamos en el día a día que pueden prevenir esta enfermedad? Sí, conocemos que hay factores de riesgo que se asocian a esta enfermedad. Hay hasta 14 factores que se han descrito en grandes estudios epidemiológicos que sabemos que ayudan a, si pudiéramos controlar esos factores de riesgo, podríamos disminuir hasta un 40% de la aparición de nuevos casos.
Por lo tanto, sí que es sustancial. Algunos de estos factores son fácilmente modificables, como por ejemplo el consumo de alcohol, el tabaco. Hay otros factores que son un poco más difíciles de modificar, como puede ser, por ejemplo, la educación, que es una forma de proteger nuestro cerebro. Hay otros factores asociados al riesgo cardiovascular, como es la tensión, la diabetes, esto lo compartiría con, por ejemplo, la patología cardiovascular.
Y hay otros más específicos, como el sueño, dormir bien. Tenemos evidencia, sobre todo básica, de que es una forma que tiene el cerebro de recuperarse y es muy importante. Y otros estarían más relacionados con el aislamiento sensorial que tienen las personas con poca audición o pérdida de visión o simplemente el hecho de no llevar una vida socialmente activa.
El estar más retirado y ser más solitario sería un factor también de riesgo. Por lo tanto, una vida activa, tanto socialmente como físicamente, controlar los factores de riesgo cardiovascular y cognitivamente enriquecedora, pues es lo que se recomienda.
Yo quería preguntarle también, el tipo de vida que llevamos ahora, en la que nos obliga a pensar poco, ya hablamos de la IA, en la que enseguida cualquier duda que tengamos rápidamente, ¿eso puede influir?
¿Por qué no prestamos atención, no memorizamos, no pensamos tanto? Bueno, tendremos que esperar un tiempo para saber si esto tiene un efecto, estamos hablando de la enfermedad de Alzheimer. Desde luego parece que las nuevas tecnologías, sobre todo el abuso de las pantallas, tienen un efecto en nuestra capacidad de concentración, todo esto está ahí.
En principio no parece que pueda haber una relación directa, inmediata, con la enfermedad de Alzheimer, pero desde luego esto afecta a la salud cerebral y la salud cerebral hemos dicho que está relacionada con el riesgo, al menos la capacidad de resistir a la patología, a la resiliencia.
Por lo tanto, es algo que tendremos que ver en el futuro, estudios epidemiológicos tendrán que decir si este cambio tan importante en nuestros hábitos va a tener un cambio en el índice de la enfermedad.
Relacionados