La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha defendido este miércoles que "ninguna niña, niñe o niño debería crecer pensando que su identidad es una amenaza" y que la "única amenaza son las estructuras que castigan a quiénes no encajan".
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha afirmado que ninguna niña, niñe o niño debería crecer sintiendo que su identidad representa una amenaza. En su intervención, destacó que la verdadera amenaza radica en las estructuras sociales que castigan a quienes no se ajustan a las normas establecidas. Rego enfatizó que hablar de orgullo implica una transformación profunda del mundo actual, que sigue estigmatizando y marginando a muchos. Se trata de un cambio que permita que las personas no tengan que adaptarse a un sistema que les niega su existencia. Además, hizo hincapié en que la noción de orgullo abarca derechos, autodeterminación y recursos básicos como educación y salud, resaltando que una libertad sin condiciones materiales es un privilegio, no un derecho universal. Su declaración subraya la necesidad de un enfoque inclusivo y transformador en la sociedad.
Transcripciones
Desde este ministerio lo decimos con claridad. Ninguna niña, niñe o niño debería crecer pensando que su identidad es una amenaza. Ninguna. La única amenaza, y lo digo claro, son las estructuras que castigan a quienes no encajan. Esa es la amenaza. Por eso hablar de orgullo significa ir mucho más allá de la narración de la inclusión.
Porque no se trata en absoluto de incorporar la diversidad a un mundo que sigue funcionando igual, que sigue estigmatizando, que sigue expulsando, que sigue dejando en los márgenes a un montón de personas.
No, se trata de transformar ese mundo para que ninguna vida tenga que adaptarse a una norma que le niega, para que nadie tenga que adaptarse a eso. Al contrario, es el sistema lo que tiene que ser cambiado, no las personas obligadas a encajar en él. Hablar de orgullo es hablar de derechos, desde luego, pero también de autodeterminación, de deseo, de cuerpo, de palabra propia.
Es hablar de educación, de salud, de vivienda, de cuidados, de recursos públicos. Porque una libertad que no tiene condiciones materiales para sostenerse no es libertad, es un privilegio.
Desde este ministerio lo decimos con claridad. Ninguna niña, niñe o niño debería crecer pensando que su identidad es una amenaza. Ninguna. La única amenaza, y lo digo claro, son las estructuras que castigan a quienes no encajan. Esa es la amenaza. Por eso hablar de orgullo significa ir mucho más allá de la narración de la inclusión.
Porque no se trata en absoluto de incorporar la diversidad a un mundo que sigue funcionando igual, que sigue estigmatizando, que sigue expulsando, que sigue dejando en los márgenes a un montón de personas.
No, se trata de transformar ese mundo para que ninguna vida tenga que adaptarse a una norma que le niega, para que nadie tenga que adaptarse a eso. Al contrario, es el sistema lo que tiene que ser cambiado, no las personas obligadas a encajar en él. Hablar de orgullo es hablar de derechos, desde luego, pero también de autodeterminación, de deseo, de cuerpo, de palabra propia.
Es hablar de educación, de salud, de vivienda, de cuidados, de recursos públicos. Porque una libertad que no tiene condiciones materiales para sostenerse no es libertad, es un privilegio.
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