Javier Colomer, sobre la visión de las obras
Transcripciones
Son cuadros que incomodan, que realmente no resultan cómodos, no quedarían bien encima de un sofá, pero bueno, tampoco es la pretensión obviamente de estas obras. Al final son personajes grotescos que precisamente lo que tratan es paralizar al espectador en este universo de superproducción de imágenes que fluctúan con una velocidad y que precisamente lo que genera es una especie de sociedad de la transparencia.
El espectador, un ciudadano normal, probablemente en un día pueda contemplar el número de imágenes que un ciudadano hace 100 años en un año. Eso es lo que te lleva a la vacuidad, al vacío.
Son cuadros que incomodan, que realmente no resultan cómodos, no quedarían bien encima de un sofá, pero bueno, tampoco es la pretensión obviamente de estas obras. Al final son personajes grotescos que precisamente lo que tratan es paralizar al espectador en este universo de superproducción de imágenes que fluctúan con una velocidad y que precisamente lo que genera es una especie de sociedad de la transparencia.
El espectador, un ciudadano normal, probablemente en un día pueda contemplar el número de imágenes que un ciudadano hace 100 años en un año. Eso es lo que te lleva a la vacuidad, al vacío.
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