La Policía Nacional ha celebrado este martes en Toledo sus 202 años de historia en un acto en el que, mirando a sus más de dos siglos de historia, ha destacado su "presente y futuro" para la defensa de la seguridad en todo el país.
Transcripciones
200 años de historia que se escriben día a día, porque el trabajo diario de los hombres y de las mujeres de la Policía Nacional durante este tiempo ha servido para fortalecer sus cimientos, para mejorar y dar un servicio público más eficaz y más cercano, para ser una institución útil con el fin de garantizar uno de los patrimonios nacionales como es el de la seguridad.
La Policía Nacional tiene historia, pero como decía, tiene presente y tiene futuro.
Un presente y un futuro en el que se trabaja para fijar y atender las prioridades como pueden ser el crimen organizado, la trata de seres humanos, el ciberdelito, el narcotráfico, el terrorismo, la violencia de género o las agresiones a los colectivos más vulnerables.
Son realidades que afligen a las víctimas y que hieren nuestra sociedad.
Son amenazas que están ahí y que exigen respuestas coordinadas por parte de todos los actores implicados, fuerzas y cuerpos de seguridad, guardia civil, policía local, jueces, fiscales, fuerzas armadas, el mundo académico, empresarial y, por supuesto, la sociedad civil.
Estos retos exigen que la Policía Nacional esté inmersa en un proceso continuo de transformación profunda y que creo sinceramente que está dando sus frutos.
Desde aquel momento fundacional han transcurrido más de dos siglos.
A lo largo de este tiempo la policía ha cambiado de denominación, ha cambiado de estructura orgánica, de uniformidad e incluso de color, como ha ocurrido con otros cuerpos policiares o con las fuerzas armadas.
Pero nunca hemos cambiado la razón de ser, el servicio a la ciudadanía.
Ese compromiso permanente con la protección del libre ejercicio de los derechos y libertades se convierte en el hilo conductor que une a todas las generaciones de policías que han pasado.
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200 años de historia que se escriben día a día, porque el trabajo diario de los hombres y de las mujeres de la Policía Nacional durante este tiempo ha servido para fortalecer sus cimientos, para mejorar y dar un servicio público más eficaz y más cercano, para ser una institución útil con el fin de garantizar uno de los patrimonios nacionales como es el de la seguridad.
La Policía Nacional tiene historia, pero como decía, tiene presente y tiene futuro. Un presente y un futuro en el que se trabaja para fijar y atender las prioridades como pueden ser el crimen organizado, la trata de seres humanos, el ciberdelito, el narcotráfico, el terrorismo, la violencia de género o las agresiones a los colectivos más vulnerables.
Son realidades que afligen a las víctimas y que hieren nuestra sociedad. Son amenazas que están ahí y que exigen respuestas coordinadas por parte de todos los actores implicados, fuerzas y cuerpos de seguridad, guardia civil, policía local, jueces, fiscales, fuerzas armadas, el mundo académico, empresarial y, por supuesto, la sociedad civil.
Estos retos exigen que la Policía Nacional esté inmersa en un proceso continuo de transformación profunda y que creo sinceramente que está dando sus frutos. Desde aquel momento fundacional han transcurrido más de dos siglos. A lo largo de este tiempo la policía ha cambiado de denominación, ha cambiado de estructura orgánica, de uniformidad e incluso de color, como ha ocurrido con otros cuerpos policiares o con las fuerzas armadas.
Pero nunca hemos cambiado la razón de ser, el servicio a la ciudadanía. Ese compromiso permanente con la protección del libre ejercicio de los derechos y libertades se convierte en el hilo conductor que une a todas las generaciones de policías que han pasado.
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