Declaraciones del Papa León XIV, en su visita al CEDIA Cáritas del barrio madrileño de Lucero, donde ha señalado que "la caridad no admite demoras" y pide alejarse de "ideologías mundanas" . El Pontífice ha criticado que los cristianos se puedan dejar llevar en demasiadas ocasiones "por ideologías mundanas o posicionamientos políticos o económicos que llevan a injustas generalizaciones y conclusiones engañosas".
Durante su visita al CEDIA Cáritas en Madrid, el Papa León XIV destacó la importancia de la caridad y la necesidad de actuar sin demoras ante las necesidades de los demás. En su discurso, subrayó que los cristianos no deben dejarse influir por ideologías mundanas, que pueden llevar a conclusiones engañosas y a la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. El Pontífice hizo hincapié en que cada encuentro con quienes necesitan ayuda es un momento único para ofrecer amor y apoyo, resaltando la responsabilidad de responder a las necesidades de los demás con un corazón sensible. Además, recordó que la caridad no es solo una acción, sino un encuentro que debe ir acompañado de diálogo y comprensión, citando al Papa Francisco sobre la importancia de mirar a los ojos de quienes sufren. Finalmente, el Papa confió a la Virgen María el trabajo de los voluntarios y la misión de ayudar a los más necesitados.
Transcripciones
Y como ven, yo tampoco he memorizado mi discurso. Entonces, como estamos todos aquí en familia, pues, que eminencia, excelencias, queridos hermanos y hermanas. Sinceramente, estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid. Como ha dicho su eminencia, quien está en Madrid es de Madrid. Y por tanto, yo también estoy entre vosotros como un madrileño más.
Gracias Madrid por esta bienvenida. Una bienvenida que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia, en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor, en particular en esta casa donde nadie se queda solo.
Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos. Y al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones, y al mismo tiempo sin dejar de lado las exigencias de la caridad y de la justicia, en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo.
Así el C.D.A. recorre el camino del Evangelio, siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre, no solo para sanar nuestras enfermedades y miserias, sino para ser las suyas, excepto el pecado.
Viviendo como uno de nosotros en la debilidad y identificándose con toda persona que sufre hasta el punto de decirnos, cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.
En este sentido podemos interpretar las palabras que acabamos de escuchar en el canto, En cada sueño te busqué, en ninguno fue en balde. Ellas sintetizan muy bien los testimonios que hemos escuchado y el trabajo que se lleva a cabo aquí cada día. En efecto, gracias a un sueño y una pequeña puerta abierta, pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia, como ha dicho su eminencia, Nurka les ha dado a Ares y Atenea la vida, su amor de madre, la gracia del bautismo y la promesa de un futuro feliz.
Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Kadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y sobre todo, ha recuperado las ganas no solo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como otros lo han apoyado a él.
Gracias también a un sueño y a esa misma pequeña puerta, cada día Alicia y los demás voluntarios del Proyecto Esperanza ayudan a tantas mujeres a recuperar la dignidad, la autonomía, la esperanza.
y el respeto por el valor sagrado de su persona y a iniciar una nueva vida. También los símbolos que me habéis regalado son un mensaje para todos. La cinta con los nombres de los niños expresa la alegría de cada nacimiento trae al mundo. El permiso de residencia cuenta una historia de esfuerzo, pero sobre todo de compromiso, honestidad y acogida.
Las sandalias que recuerdan el encuentro de Moisés con Dios en el Oreb evocan la tierra sagrada que estamos obligados a respetar en toda existencia humana. Por eso os doy las gracias de corazón a todos vosotros por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz que reflejan como espejos la caridad de Dios.
vuestros testimonios nos abren una ventana a un panorama inmenso poblado por un sinfín de madres como en Yurka de niños y niñas, de mujeres y hombres de voluntarios y voluntarias tantas personas, tantos hermanos y hermanas tantas historias, tan numerosas que como dice San Juan si se escribieran una por una pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribirse.
Y la comparación con el Evangelio no es forzada, porque en estas historias continúan las cosas que hizo Jesús, a quien se refiere el evangelista. El arzobispo en su intervención ha evocado el camino que desde Belén lleva al paraíso. Madrid es también famosa por los Belénes que la adornan en la época de Navidad.
Su belleza, sin embargo, es solo una pálida expresión de una maravilla aún más grande y profunda que hoy encontramos aquí. Las luces, las voces, los sonidos que durante las fiestas navideñas nos llegan al corazón y nos humedecen los ojos. En realidad, los llevamos dentro, con nosotros y entre nosotros durante todo el año y hoy están más vivos y encendidos que nunca en estos espacios alrededor de este Belén sencillo y acogedor que con la ayuda de Dios vosotros seguís preparando día a día.
Es más, literalmente día y noche para Jesús presente en las personas que se asoman al umbral del centro en busca de ayuda. Como lema para esta visita, se han elegido las palabras de Jesús a sus discípulos, alzad la mirada. Son una invitación a contemplar los campos que maduros esperan la cosecha y nos recuerdan que la caridad no admite demoras.
Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde. Y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados. Una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairos, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer.
El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe. Si lo pensamos bien, en realidad, también los cristianos en muchas ocasiones se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos o económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas.
El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana.
No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la iglesia que brota del evangelio y fecunda todo momento histórico. Las palabras de Jesús son también una invitación a cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás, manteniendo vivo en nosotros el deseo del bien que Dios ha puesto en nuestra propia humanidad y que la fe libera y fortalece.
El Papa Francisco decía al respecto, frente al misterio de la vida personal y a los desafíos de la sociedad, el que cree exulta, tiene una pasión, un sueño que cultivar, un interés que impulsa a comprometerse en primera persona.
Y advertía sobre el peligro de un corazón aburrido, frío, acomodado a una vida tranquila, que se blinda en la indiferencia y se vuelve impermeable, que se endurece. Un corazón vivo es cálido y palpitante y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre y provoca la muerte de la persona.
Pero quisiera subrayar un último aspecto de la invitación del Señor. En efecto, es también una llamada a mirar a los que sufren a los ojos y hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre. También sobre esto el Papa Francisco insistió mucho.
Solicitaba, cuando tú das limosna, miras a los ojos del mendigo, le tocas la mano para sentir su carne y concluía, La limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor. Los que aman de verdad no se limitan a dar algo.
Escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales. a la promoción integral de la persona. Y podríamos concluir mirando a María, en cuya caridad todo esto encuentra cumplimiento, en su amor solicito en Cana, anhelante tras los pasos de su hijo, cercano y participe hasta el final al pie de la cruz.
A ella os confío a cada uno de vosotros y vuestro trabajo. en esta tierra que le está consagrada, deseando que el espíritu de su maternidad universal anime cada vez más el grito de la fe. A ella, digámosle, enséñanos a verte siempre madre, manantial de misericordia, regazo de
Perdón, abrazo de la esperanza, puerta de la gloria. Gracias.
Y como ven, yo tampoco he memorizado mi discurso. Entonces, como estamos todos aquí en familia, pues, que eminencia, excelencias, queridos hermanos y hermanas. Sinceramente, estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid. Como ha dicho su eminencia, quien está en Madrid es de Madrid. Y por tanto, yo también estoy entre vosotros como un madrileño más.
Gracias Madrid por esta bienvenida. Una bienvenida que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia, en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor, en particular en esta casa donde nadie se queda solo.
Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos. Y al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones, y al mismo tiempo sin dejar de lado las exigencias de la caridad y de la justicia, en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo.
Así el C.D.A. recorre el camino del Evangelio, siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre, no solo para sanar nuestras enfermedades y miserias, sino para ser las suyas, excepto el pecado.
Viviendo como uno de nosotros en la debilidad y identificándose con toda persona que sufre hasta el punto de decirnos, cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.
En este sentido podemos interpretar las palabras que acabamos de escuchar en el canto, En cada sueño te busqué, en ninguno fue en balde. Ellas sintetizan muy bien los testimonios que hemos escuchado y el trabajo que se lleva a cabo aquí cada día. En efecto, gracias a un sueño y una pequeña puerta abierta, pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia, como ha dicho su eminencia, Nurka les ha dado a Ares y Atenea la vida, su amor de madre, la gracia del bautismo y la promesa de un futuro feliz.
Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Kadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y sobre todo, ha recuperado las ganas no solo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como otros lo han apoyado a él.
Gracias también a un sueño y a esa misma pequeña puerta, cada día Alicia y los demás voluntarios del Proyecto Esperanza ayudan a tantas mujeres a recuperar la dignidad, la autonomía, la esperanza.
y el respeto por el valor sagrado de su persona y a iniciar una nueva vida. También los símbolos que me habéis regalado son un mensaje para todos. La cinta con los nombres de los niños expresa la alegría de cada nacimiento trae al mundo. El permiso de residencia cuenta una historia de esfuerzo, pero sobre todo de compromiso, honestidad y acogida.
Las sandalias que recuerdan el encuentro de Moisés con Dios en el Oreb evocan la tierra sagrada que estamos obligados a respetar en toda existencia humana. Por eso os doy las gracias de corazón a todos vosotros por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz que reflejan como espejos la caridad de Dios.
vuestros testimonios nos abren una ventana a un panorama inmenso poblado por un sinfín de madres como en Yurka de niños y niñas, de mujeres y hombres de voluntarios y voluntarias tantas personas, tantos hermanos y hermanas tantas historias, tan numerosas que como dice San Juan si se escribieran una por una pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribirse.
Y la comparación con el Evangelio no es forzada, porque en estas historias continúan las cosas que hizo Jesús, a quien se refiere el evangelista. El arzobispo en su intervención ha evocado el camino que desde Belén lleva al paraíso. Madrid es también famosa por los Belénes que la adornan en la época de Navidad.
Su belleza, sin embargo, es solo una pálida expresión de una maravilla aún más grande y profunda que hoy encontramos aquí. Las luces, las voces, los sonidos que durante las fiestas navideñas nos llegan al corazón y nos humedecen los ojos. En realidad, los llevamos dentro, con nosotros y entre nosotros durante todo el año y hoy están más vivos y encendidos que nunca en estos espacios alrededor de este Belén sencillo y acogedor que con la ayuda de Dios vosotros seguís preparando día a día.
Es más, literalmente día y noche para Jesús presente en las personas que se asoman al umbral del centro en busca de ayuda. Como lema para esta visita, se han elegido las palabras de Jesús a sus discípulos, alzad la mirada. Son una invitación a contemplar los campos que maduros esperan la cosecha y nos recuerdan que la caridad no admite demoras.
Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde. Y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados. Una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairos, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer.
El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe. Si lo pensamos bien, en realidad, también los cristianos en muchas ocasiones se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos o económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas.
El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el Evangelio para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana.
No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la iglesia que brota del evangelio y fecunda todo momento histórico. Las palabras de Jesús son también una invitación a cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás, manteniendo vivo en nosotros el deseo del bien que Dios ha puesto en nuestra propia humanidad y que la fe libera y fortalece.
El Papa Francisco decía al respecto, frente al misterio de la vida personal y a los desafíos de la sociedad, el que cree exulta, tiene una pasión, un sueño que cultivar, un interés que impulsa a comprometerse en primera persona.
Y advertía sobre el peligro de un corazón aburrido, frío, acomodado a una vida tranquila, que se blinda en la indiferencia y se vuelve impermeable, que se endurece. Un corazón vivo es cálido y palpitante y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre y provoca la muerte de la persona.
Pero quisiera subrayar un último aspecto de la invitación del Señor. En efecto, es también una llamada a mirar a los que sufren a los ojos y hacer de la ayuda ante todo un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre. También sobre esto el Papa Francisco insistió mucho.
Solicitaba, cuando tú das limosna, miras a los ojos del mendigo, le tocas la mano para sentir su carne y concluía, La limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor. Los que aman de verdad no se limitan a dar algo.
Escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales. a la promoción integral de la persona. Y podríamos concluir mirando a María, en cuya caridad todo esto encuentra cumplimiento, en su amor solicito en Cana, anhelante tras los pasos de su hijo, cercano y participe hasta el final al pie de la cruz.
A ella os confío a cada uno de vosotros y vuestro trabajo. en esta tierra que le está consagrada, deseando que el espíritu de su maternidad universal anime cada vez más el grito de la fe. A ella, digámosle, enséñanos a verte siempre madre, manantial de misericordia, regazo de
Perdón, abrazo de la esperanza, puerta de la gloria. Gracias.
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