Una mujer expresa su deseo de que la justicia investigue la verdad en todos los casos, resaltando la importancia de la imparcialidad y el principio democrático de que la ley debe aplicarse por igual a todos. Considera esencial que los cargos públicos actúen con ética y transparencia, enfatizando que la verdad y la justicia son fundamentales para mantener la confianza en el Estado de Derecho. Asegura que la vida debe continuar, enfocándose en ofrecer mejores oportunidades, especialmente para quienes más lo necesitan. La oradora concluye que el desánimo no tiene cabida en la búsqueda de justicia y aboga por una sociedad más solidaria y fraterna, donde cada ciudadano pueda sentirse amparado por el Estado. Este mensaje resuena en un contexto de rechazo a situaciones inaceptables en la vida pública, reafirmando la necesidad de responsabilidad y verdad en las acciones del gobierno.
Transcripciones
Me imagino que todo esto lo veo casi como cualquier otra mujer, con dos deseos. Uno, que la justicia averigüe la verdad siempre, de todo y en todos los casos. Una verdad acreditada y fundamentada para que estemos tranquilos de que conocemos la verdad de las cosas, incluso de las cosas que no nos gustan, que nos producen rechazo profundo y que se actúe con imparcialidad, con imparcialidad para todos.
El principio fundamental de la democracia es que el imperio de la ley está por encima de todos nosotros, que las leyes son igual para todos, que se nos aplican de manera igual y que todos respondemos de igual manera.
Así que verdad e imparcialidad es lo que yo pienso que nos puede dar mucha tranquilidad a cualquiera de nosotros, desde luego a mí, siendo situaciones verdaderamente, absolutamente rechazables.
Los cargos públicos tienen que ser limpios. Para quienes entendemos la vida pública con ética, todo esto es muy poco aceptable. Así que, verdad e imparcialidad, para que todos sepamos, en todos los casos afecten a quién le afecten, qué ha ocurrido y quién carga con la culpa y con la responsabilidad de un Estado de Derecho.
Y por lo demás, la vida tiene que seguir funcionando, porque a lo que nos tenemos que dedicar es a ofrecer mejores oportunidades de vida para todo el mundo, pero particularmente para quienes tienen más necesidad de que el Estado los ampare, de que el Estado signifique solidaridad, fraternidad, que para eso es para los que vivimos en convivencia.
Así que, desánimo no, justicia sí.
Me imagino que todo esto lo veo casi como cualquier otra mujer, con dos deseos. Uno, que la justicia averigüe la verdad siempre, de todo y en todos los casos. Una verdad acreditada y fundamentada para que estemos tranquilos de que conocemos la verdad de las cosas, incluso de las cosas que no nos gustan, que nos producen rechazo profundo y que se actúe con imparcialidad, con imparcialidad para todos.
El principio fundamental de la democracia es que el imperio de la ley está por encima de todos nosotros, que las leyes son igual para todos, que se nos aplican de manera igual y que todos respondemos de igual manera.
Así que verdad e imparcialidad es lo que yo pienso que nos puede dar mucha tranquilidad a cualquiera de nosotros, desde luego a mí, siendo situaciones verdaderamente, absolutamente rechazables.
Los cargos públicos tienen que ser limpios. Para quienes entendemos la vida pública con ética, todo esto es muy poco aceptable. Así que, verdad e imparcialidad, para que todos sepamos, en todos los casos afecten a quién le afecten, qué ha ocurrido y quién carga con la culpa y con la responsabilidad de un Estado de Derecho.
Y por lo demás, la vida tiene que seguir funcionando, porque a lo que nos tenemos que dedicar es a ofrecer mejores oportunidades de vida para todo el mundo, pero particularmente para quienes tienen más necesidad de que el Estado los ampare, de que el Estado signifique solidaridad, fraternidad, que para eso es para los que vivimos en convivencia.
Así que, desánimo no, justicia sí.
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