El gobierno andaluz se propone modernizar el sector turístico para adaptarse a la evolución de la competencia internacional y las necesidades de los viajeros. Se busca construir un entorno favorable para la inversión y la competitividad, mejorando la agilidad administrativa y generando oportunidades en diversos municipios. Se enfatiza la importancia de grandes eventos como catalizadores de demanda, que no solo beneficien a la ciudad sede, sino también a otras regiones andaluzas. Para lograrlo, se requiere un enfoque basado en datos y análisis, evaluando el impacto real del turismo en la economía local y en la calidad de vida de los residentes. Se trabaja en nuevas metodologías para medir este impacto y se destaca la necesidad de comunicar claramente cómo el turismo contribuye al bienestar cotidiano de los andaluces, asegurando que los beneficios se distribuyan de manera equitativa en toda la comunidad.
Transcripciones
La competencia internacional evoluciona y las necesidades de los viajeros también. Las empresas afrontan nuevos costes, nuevas exigencias y nuevos mercados. Por eso, nuestras instituciones tienen la responsabilidad de acompañar esa transformación. Nuestro objetivo debe ser construir una Andalucía donde resulte más fácil invertir, donde las empresas puedan competir con mejores condiciones, donde la Administración responda, incluida la Administración andaluza, responda con mayor agilidad y donde el desarrollo turístico genere oportunidades para cada vez más municipios y ciudadanos.
Una Andalucía que proteja su identidad, que aproveche su patrimonio, que modernice sus infraestructuras, y lo digo en la Costa del Sol, que tanta falta tenéis de mejoras en las infraestructuras, y que sepa valorar a quienes crean empleo y asumen riesgos.
Los grandes eventos no deben limitar su impacto al lugar donde se celebran. Debemos convertirlos en verdaderos catalizadores de demanda, capaces de atraer visitantes y, posteriormente, facilitar que conozcan otros territorios. Es decir, que en el fondo estos grandes eventos sean también puertas de entrada a Andalucía, no solo a la ciudad donde se celebren dichos eventos.
y esto permitirá desconcentrar destinos, repartir actividad económica, generar oportunidades en municipios del interior y extender los beneficios del turismo durante más meses al año.
Pero para ello, para todo esto, las decisiones deben de estar cada vez más apoyadas en información y en medición. En el fondo, en el análisis del dato. Por eso, las campañas, las promociones, los patrocinios, los grandes eventos deben analizarse desde la notoriedad que generan, pero mucho también desde el impacto real.
Debemos conocer qué público atraemos, cuánto se gastan, dónde se mueven, qué empresas se benefician y qué impacto generan sobre el territorio y qué impacto genera también, reitero, sobre los residentes.
Por eso estamos trabajando en desarrollar nuevas metodologías. Metodologías que nos permitan medir no sólo el impacto económico del turismo, sino cómo llega ese valor realmente a los territorios y a los andaluces en forma de empleo, oportunidad de servicio y calidad de vida.
Y algo fundamental, saber trasladarlo a la sociedad para que cada andaluz entienda cómo el turismo contribuye a su vida cotidiana. No basta con generar valor, tenemos que saber medirlo y saber contarlo.
La competencia internacional evoluciona y las necesidades de los viajeros también. Las empresas afrontan nuevos costes, nuevas exigencias y nuevos mercados. Por eso, nuestras instituciones tienen la responsabilidad de acompañar esa transformación. Nuestro objetivo debe ser construir una Andalucía donde resulte más fácil invertir, donde las empresas puedan competir con mejores condiciones, donde la Administración responda, incluida la Administración andaluza, responda con mayor agilidad y donde el desarrollo turístico genere oportunidades para cada vez más municipios y ciudadanos.
Una Andalucía que proteja su identidad, que aproveche su patrimonio, que modernice sus infraestructuras, y lo digo en la Costa del Sol, que tanta falta tenéis de mejoras en las infraestructuras, y que sepa valorar a quienes crean empleo y asumen riesgos.
Los grandes eventos no deben limitar su impacto al lugar donde se celebran. Debemos convertirlos en verdaderos catalizadores de demanda, capaces de atraer visitantes y, posteriormente, facilitar que conozcan otros territorios. Es decir, que en el fondo estos grandes eventos sean también puertas de entrada a Andalucía, no solo a la ciudad donde se celebren dichos eventos.
y esto permitirá desconcentrar destinos, repartir actividad económica, generar oportunidades en municipios del interior y extender los beneficios del turismo durante más meses al año.
Pero para ello, para todo esto, las decisiones deben de estar cada vez más apoyadas en información y en medición. En el fondo, en el análisis del dato. Por eso, las campañas, las promociones, los patrocinios, los grandes eventos deben analizarse desde la notoriedad que generan, pero mucho también desde el impacto real.
Debemos conocer qué público atraemos, cuánto se gastan, dónde se mueven, qué empresas se benefician y qué impacto generan sobre el territorio y qué impacto genera también, reitero, sobre los residentes.
Por eso estamos trabajando en desarrollar nuevas metodologías. Metodologías que nos permitan medir no sólo el impacto económico del turismo, sino cómo llega ese valor realmente a los territorios y a los andaluces en forma de empleo, oportunidad de servicio y calidad de vida.
Y algo fundamental, saber trasladarlo a la sociedad para que cada andaluz entienda cómo el turismo contribuye a su vida cotidiana. No basta con generar valor, tenemos que saber medirlo y saber contarlo.
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