Los desahucios como el de Maricarmen, de 87 años, en Madrid afectan profundamente a la identidad y el bienestar psicológico de las personas, según ha explicado Miguel Ángel Estévez, el psicólogo social y profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid. Estevez ha afirmado que los desahucios generan "un cambio muy radical, de tener casa a no tener casa", lo que afecta profundamente a la identidad y al bienestar psicológico de las personas, al suponer "una ruptura que en términos terapéuticos podríamos entender como ciertamente traumática".
El psicólogo Miguel Ángel Estévez ha expuesto que los desahucios afectan gravemente la identidad y el bienestar psicológico de las personas. Este cambio abrupto de tener hogar a no tenerlo, por motivos ajenos a la voluntad del afectado, genera una ruptura que puede considerarse traumática. La pérdida de un espacio cargado de significados, recuerdos y conexiones personales provoca un duelo emocional, junto con la incertidumbre sobre el futuro y el lugar donde reanudar la vida. La identidad, compuesta por el legado del pasado, la experiencia presente y las expectativas futuras, se ve comprometida. Para mitigar este impacto, Estévez sugiere la implementación de políticas que aseguren una alternativa habitacional antes de los desahucios, garantizando así no solo el derecho a la propiedad, sino también la protección de la identidad y el bienestar de los individuos. Esto es crucial para ofrecer una estabilidad emocional en momentos de crisis.
Transcripciones
Pues en el plano más individual, en lo más privado, en lo más íntimo, supone un cambio muy radical de tener casa a no tener casa. Podemos entenderlo desde una perspectiva como muy logística, de decir dónde voy a dormir hoy, dónde guardo mis cosas, pero dentro del hogar establecemos toda una red de significados en las que está nuestra historia, nuestra identidad, un lugar en el que me he criado cuando era pequeño, un lugar al que llegué con toda la ilusión del mundo, donde tuve mis relaciones de pareja, donde tuve mis hijos.
Entonces, esa ruptura con el lugar en el que vives, de un modo que no es voluntario, porque es un desahucio, puede ser más o menos sorpresivo, pero nunca es voluntario, porque por eso es un desahucio, afecta la identidad, en la parte de ti que no te puedes llevar contigo.
Cuando terminas de meter las cajas hay cosas de ti, hay recuerdos, hay elementos que se van a quedar ahí, y esos no te los puedes llevar, es una suerte de duelo, una pérdida de elementos que están dentro de ti, que se quedan ahí, además de la enorme incertidumbre que genera el no saber dónde vas a proyectar tu vida en el futuro.
Es decir, nuestra identidad en términos psicológicos es el recuerdo del pasado, la experiencia del presente y la expectativa del futuro. Con el pasado rompes, el presente es de absoluta incertidumbre y el futuro no eres capaz de construirlo hasta que no tienes una alternativa, hasta que no tienes dónde vivir.
Por eso esas ideas de las políticas de protección en las que los desahucios vayan precedidos de una alternativa habitacional suponen en términos de salud mental la garantía de que el sistema, dentro de proteger y defender el derecho a la propiedad, protege y defiende también el derecho, podría decir, a la identidad, al bienestar de la persona.
Por lo tanto, supone una ruptura que en términos terapéuticos podríamos entender como ciertamente traumática.
Pues en el plano más individual, en lo más privado, en lo más íntimo, supone un cambio muy radical de tener casa a no tener casa. Podemos entenderlo desde una perspectiva como muy logística, de decir dónde voy a dormir hoy, dónde guardo mis cosas, pero dentro del hogar establecemos toda una red de significados en las que está nuestra historia, nuestra identidad, un lugar en el que me he criado cuando era pequeño, un lugar al que llegué con toda la ilusión del mundo, donde tuve mis relaciones de pareja, donde tuve mis hijos.
Entonces, esa ruptura con el lugar en el que vives, de un modo que no es voluntario, porque es un desahucio, puede ser más o menos sorpresivo, pero nunca es voluntario, porque por eso es un desahucio, afecta la identidad, en la parte de ti que no te puedes llevar contigo.
Cuando terminas de meter las cajas hay cosas de ti, hay recuerdos, hay elementos que se van a quedar ahí, y esos no te los puedes llevar, es una suerte de duelo, una pérdida de elementos que están dentro de ti, que se quedan ahí, además de la enorme incertidumbre que genera el no saber dónde vas a proyectar tu vida en el futuro.
Es decir, nuestra identidad en términos psicológicos es el recuerdo del pasado, la experiencia del presente y la expectativa del futuro. Con el pasado rompes, el presente es de absoluta incertidumbre y el futuro no eres capaz de construirlo hasta que no tienes una alternativa, hasta que no tienes dónde vivir.
Por eso esas ideas de las políticas de protección en las que los desahucios vayan precedidos de una alternativa habitacional suponen en términos de salud mental la garantía de que el sistema, dentro de proteger y defender el derecho a la propiedad, protege y defiende también el derecho, podría decir, a la identidad, al bienestar de la persona.
Por lo tanto, supone una ruptura que en términos terapéuticos podríamos entender como ciertamente traumática.
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