El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha defendido la "fe irreductible en la cultura como diálogo de paz" en el mundo. "Estamos a más de 3.000 km de la Franja de Gaza: muy lejos físicamente pero muy cerca de su dolor y desamparo. Hoy nos reúne el presente y futuro de un pueblo, no tenemos derecho a olvidar a Gaza y el genocidio. No tenemos derecho a pasar página", ha manifestado en el acto de inauguración de la Conferencia Internacional por la Cultura Palestina celebrado en Madrid.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha inaugurado la Conferencia Internacional por la Cultura Palestina en Madrid, subrayando la importancia de la cultura como un vehículo para el diálogo y la paz. A pesar de la distancia física de más de 3.000 kilómetros de Gaza, Urtasun ha enfatizado la cercanía al dolor de los palestinos, resaltando que no se puede olvidar el genocidio y la ocupación. Durante su intervención, hizo un llamado a la acción, destacando la urgencia de una respuesta coordinada ante la emergencia cultural y humanitaria que enfrenta el pueblo palestino. Rechazó la normalización de la violencia y la represión, instando a la comunidad internacional a no permanecer impasible ante las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y la destrucción del patrimonio cultural palestino. Su discurso busca generar conciencia sobre la situación crítica de los palestinos y la necesidad de solidaridad global ante esta crisis.
Transcripciones
Algo más vincula a la treintena de delegaciones aquí presentes. Una fe irreductible en la cultura como vehículo de paz, diálogo y concordia, expresión de la memoria, la identidad y la dignidad de los pueblos. Estamos en Madrid, a más de 3.000 kilómetros de la Franja de Gaza, de Cisjordania y de Jerusalén Este.
El mismo Madrid al que nuestro gran poeta Rafael Alberti llamó capital de la gloria. cuando los bombardeos asediaban esta ciudad durante la guerra de España. Nos encontramos muy lejos físicamente de las mujeres, las niñas y los niños, los hombres y mujeres de Palestina, pero muy cerca, sin duda, de su dolor y su desamparo.
Hoy no hemos venido a hablar de escenas mitológicas, de sacrificios, héroes o batallas históricas, como las que se plasman en las grandes obras de arte de este Museo Nacional del Prado.
lo que hoy nos reúne es el presente y el futuro de un pueblo real, las vidas reales amenazadas de miles de palestinos y la exigencia real de una respuesta coordinada y eficaz por parte de nuestros países ante una emergencia que es al tiempo, emergencia cultural y también lo es humanitaria.
No tenemos derecho a olvidar el genocidio. No tenemos derecho a olvidar la ocupación, la devastación y las bombas. No hay olvido posible ante la violencia cotidiana, la represión, las torturas, los desplazamientos de la población y la utilización del hambre también como arma de guerra. No tenemos derecho a pasar página ni a permanecer impasibles ante la vulneración sistemática de los derechos humanos, del derecho internacional y de las normas globales de convivencia entre Estados.
Nadie puede acostumbrarse a ello ni volver la cara ante tales crímenes, ante la destrucción de escuelas y universidades, museos, archivos y bibliotecas, ante la eliminación del patrimonio material e inmaterial palestino.
Algo más vincula a la treintena de delegaciones aquí presentes. Una fe irreductible en la cultura como vehículo de paz, diálogo y concordia, expresión de la memoria, la identidad y la dignidad de los pueblos. Estamos en Madrid, a más de 3.000 kilómetros de la Franja de Gaza, de Cisjordania y de Jerusalén Este.
El mismo Madrid al que nuestro gran poeta Rafael Alberti llamó capital de la gloria. cuando los bombardeos asediaban esta ciudad durante la guerra de España. Nos encontramos muy lejos físicamente de las mujeres, las niñas y los niños, los hombres y mujeres de Palestina, pero muy cerca, sin duda, de su dolor y su desamparo.
Hoy no hemos venido a hablar de escenas mitológicas, de sacrificios, héroes o batallas históricas, como las que se plasman en las grandes obras de arte de este Museo Nacional del Prado.
lo que hoy nos reúne es el presente y el futuro de un pueblo real, las vidas reales amenazadas de miles de palestinos y la exigencia real de una respuesta coordinada y eficaz por parte de nuestros países ante una emergencia que es al tiempo, emergencia cultural y también lo es humanitaria.
No tenemos derecho a olvidar el genocidio. No tenemos derecho a olvidar la ocupación, la devastación y las bombas. No hay olvido posible ante la violencia cotidiana, la represión, las torturas, los desplazamientos de la población y la utilización del hambre también como arma de guerra. No tenemos derecho a pasar página ni a permanecer impasibles ante la vulneración sistemática de los derechos humanos, del derecho internacional y de las normas globales de convivencia entre Estados.
Nadie puede acostumbrarse a ello ni volver la cara ante tales crímenes, ante la destrucción de escuelas y universidades, museos, archivos y bibliotecas, ante la eliminación del patrimonio material e inmaterial palestino.
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